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Acción de gracias, bendición y compartir

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Puede que los horarios a veces no favorezcan, pero no hay que dejar a un lado el espacio para compartir la vida, la felicidad o preocupaciones del día, los retos y los logros.

Las lecturas nos hablan de: ofrecimiento, comunión y bendición. En la primera lectura, es Melquisedec que ofrece dos de los productos más comunes: pan y vino. Y después de ofrecerlos, bendice a Abrahán. Él responde dando su diezmo. En la misma línea de contar acerca de la reunión al momento de comer, en la segunda lectura, es el relato eucarístico de Pablo, contando cómo ha llegado hasta a él el relato de la última cena de Jesús, cuando da a los demás su cuerpo y su sangre. Allí también se hace referencia al momento de Acción de gracias.

Por su parte, el Evangelio nos narra la multiplicación de los panes, que sigue acorde a la secuencia de eventos de dar gracias, ofrecer y el pan. Sin embargo, esto parece no planeado. Es el hambre de las personas, su necesidad la que hace improvisar a Jesús en medio de sus enseñanzas. Y así como anteriormente, estará el dar gracias a Dios por el pan. Si bien para algunos no es seguro que alcance, la confianza en la Providencia divina es mayor que lo que podemos ver. Luego, la bendición de que todos coman, no es un simple ajuste de la cantidad de comida que se pide y ya. Al contrario, es una realidad donde la necesidad se ve atendida.

Ciertamente, estos episodios nos parecen un poco distantes, en el sentido que no es de todos los días una unción, el estar con Jesús en la cena Pascual o bien en medio de una muchedumbre con hambre, y que nos digan que les tenemos que dar de comer. Pero en nuestra realidad, sí que podemos tener en cuenta los elementos en común: ¿damos gracias a Dios por los alimentos?, ¿hacemos posible que otros también coman?, ¿compartimos también en comunidad o cada quien se las arregla?

Estas tres preguntas nos deben hacer retomar las dimensiones de hacer parte a Dios de nuestro momento de agradecerle por su Providencia, haciendo también nosotros posible con nuestro esfuerzo y apoyo, el que otros no pasen hambre. Y además, el compartir. Porque sentarse a la mesa es compartir. Puede que los horarios a veces no favorezcan, pero no hay que dejar a un lado el espacio para compartir la vida, la felicidad o preocupaciones del día, los retos y los logros. Porque la vida no es solo de saciar necesidades y comer por comer. Es compartir felicidad y vida.

No por algo es hoy día de la celebración del Corpus Christi. Demos gracias a Dios por entregarse a nosotros, invitemos a los demás a comer de este pan que se nos da y compartamos la felicidad de comer del cuerpo y de la sangre del Dios con nosotros.

Comentarios

1
fr. Pepe E. op 23 de junio de 2019, 12:14


En Bizancio la liturgia de palacio y la de Santa Sofía no coincidían en la misma imagen, la realeza humana y la Divina se confundían.
El hombre incluso los niños de la calle son con frecuencia completamente extraños a lo que pasa en nuestras iglesias.
No se sienten interpelados en lo más íntimo y no van.

pepe

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