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"El Dios del crecimiento" Domingo XI del TO. Ciclo B (Mc 4, 26-34)

5 comentarios

Dios pone en el interior de la semilla su fuerza vital

La liturgia de este domingo nos presenta a Jesús hablando del reino de Dios. Jesús quiere anunciar su mensaje y que lo comprenda la gente sencilla, por ello se sirve de parábolas. En este caso se nos presenta el crecimiento misterioso de una semilla, que lo hace al margen de su sembrador, en silencio, y mientras éste duerme. Se da un fuerte contraste entre el laborioso trabajo del hortelano y el crecimiento gratuito de la semilla. Una imagen que se ve acentuada en una cultura como la nuestra que busca a toda costa los índices más altos de productividad e inmediatez. Pero en el texto se ve claro el mensaje: el esfuerzo es inútil si se deja a Dios al margen.


   Las parábolas están proyectadas hacia algo grande, con una mirada a algo nuevo, para que todo se transforme y así todos puedan llegar a la verdadera felicidad del reino de Dios. No estamos solos ni tampoco estamos trabajando en una obra que se pueda decir que es exclusivamente nuestra. Estamos colaborando mano a mano en la creación y construcción de ese reino de Dios. Trabajamos y nos debemos dejar la piel por algo nuevo, algo que lleva el sello de Dios. Porque es el Señor quien construye con nosotros nuestro existir y nuestra propia historia.


   Dios desea entrar en nuestras vidas. Es en el encuentro personal con Él, en el abandono, la confianza y la acogida donde se recibe la vida que viene de Dios. Es esa clave la que permite a la semilla ir germinando en silencio, la que la hace brotar y producir ramas: porque se deja regar, fecundar del amor gratuito de Dios. Todo, absolutamente todo, está sostenido y penetrado por el misterio de ese Dios que es gracia, perdón, acogida para todas sus criaturas. Es Él esa fuerza divina que está presente en la semilla, que la empuja al crecimiento, a la madurez, al esplendor, porque actúa en ella.


  La parábola no se centra en los méritos y trabajos que debe hacer el agricultor antes y durante la siembra en la tierra, sino en la fuerza vital que Dios pone en el interior de la semilla. Nos lo recuerda el salmo "es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, que comáis el pan de vuestros sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!". La cosecha tiene mucho de parte de Dios. La gratuidad, el gran don de la vida nos lo da Dios y sin pedir nada a cambio. La vida es un verdadero regalo.


   La semilla crece en el silencio, no hace estrépito ninguno. Es en lo oculto, en la paz sosegada, al reconocer el don gratuito de la vida, donde comienza la gran tarea: la de ser ese gran árbol que dará cobijo a pájaros. Porque es a algo grande a lo que estamos llamados cada uno de nosotros: a tender ramas que cobijen, que sean el hogar y refugio de tantos hermanos que están rotos. Para estar abiertos al necesitado, al hermano, tenemos que salir de nosotros mismos y crear ambientes u oasis que den vida.


   Así lo vivió nuestro Padre Domingo, y se dio cuenta que el trigo o la "semilla" amontonada se pudre. El trigo tiene que caer en tierra y dar el ciento por uno. Por eso mandó a sus frailes a predicar, a que diesen el fruto que nace del Evangelio. ¿Cómo? Sencillamente haciendo partícipe de la Buena Noticia a todo aquel que se encontrasen por el camino. ¿Te atreves a ser predicador de la gracia?
 

Comentarios

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Eli Lopez 22 de julio de 2015, 22:47

Por fin!!
Es muy valioso el mensaje d estas palabras. Ojala todos podamos darnos cuenta de que el verdadero camino es este; El de el amor. Y q solo con la luz y la verdad por delante seremos nosotros mismos para poder ofrecernos a los demas.
Sigue escribiendo Juanma. Un abrazo y hasta pronto!!

4
fr. Pepe E.op 14 de junio de 2015, 12:33


Los jóvenes urbanítas desconocen que es una semilla y no les cabe en la cabeza que esa "cosita" de árboles, frutos...
Los mayores conocemos las semillas pero nos cuesta creer que que fructificaran en vocaciones inesperadas. Somos impacientes y queremos plantárla y ver salir el tallo

3
Belen 14 de junio de 2015, 0:39

Me encanta seguir todo lo que sale de los dominic@s, os he descubierto hace poco y disfruto mucho con el Reto de Amor de las dominicas de Lerma, Hay gente buena de las de Zaragoza, Rocio y Pilar de Bormujos. Bueno voy a poner mi granito: el sembrador siembra pero después se necesita el ambiente adecuado para que esa planta crezca sana y fuerte: agua el rocío de la noche, la soledad y la aridez del campo. Dios siembra en nuestro corazon la semilla y nosotros tenemos que cuidarla con los Sacramentos, la Palabra, la Liturgia, agua que va empapando lentamente. Después vendra la siega, ir al molino para que nos trituren y quien sabe si acabamos en forma para la EUCARISTIA.

2
Calimandroco 13 de junio de 2015, 21:34

Muy buen comentario hermano!!

1
Sor Guadalupe Jiménez 13 de junio de 2015, 17:48

Querido Hermano; ¡conque facilidad hablas de la semilla y de echarla en tierra!. Tu en la practica natural sabes mucho de ello, y ahora vives por dentro el efecto de otra semilla, la espiritual, y sabes muy bien como hay que cuidarla y protegerla... Que el Señor y Nuestro Padre estén siempre contigo.

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