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ESPERANDO CON ALEGRÍA - III DOMINGO DE ADVIENTO

4 comentarios

"Un amor desinteresado y generoso con los demás, convencidos del regocijo, júbilo y alegría de la espera, para poder transmitirlo a quienes nos rodean".

La liturgia de este tercer domingo de Adviento está cargada de expresiones predicadas por Sofonías, Isaías y Pablo, que evocan la alegría, el regocijo, el júbilo, etc. Pues en medio de este tiempo de sobriedad, del color morado que refiere a la penitencia, abrimos un paréntesis (Gaudete), precisamente para recordarnos la causa de nuestra preparación, que es la espera del Salvador. No es una espera cualquiera ni una alegría efímera, sino la del cristiano: la alegría que se experimenta desde la esperanza.

A pesar de nuestros momentos de desesperanza y tristeza (o ausentes de alegría), al observar las situaciones difíciles por la que atraviesa nuestra sociedad o por la experiencia que estamos viviendo, tenemos la certeza que el Señor nos acompaña, que viene constantemente a nosotros; la experiencia de encontrarlo y dejarnos encontrar por él. El papa Francisco nos los recordaba al inicio de su pontificado: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús […] con Él siempre nace y renace la alegría» (Evangelii gaudium, 1).

Para hacer realidad esta consigna, «esperando con alegría», estamos llamados a propiciar cambios que generen mayor acercamiento para encontrarnos con aquel que viene, pues él es la causa de nuestra preparación. Estos cambios nos los recuerda Juan el Bautista ante la pregunta insistente de la gente: «¿Entonces, qué hacemos?» (Jn 3,10). La clave está en el compartir con el que no tiene, en no robar ni practicar acciones injustas, en no aprovecharnos de los demás… y en la actualidad, cada uno, desde la condición en la que vive, puede ir agregando más elementos a la lista, sin olvidar que tener la esperanza de que las cosas cambien requiere también una dosis considerable de compromiso, enfocado a contribuir con la paz que trae consigo la alegría.

He ahí donde toma sentido encender una tercera vela, confeccionar el nacimiento, armar el árbol de navidad, entonar cantos navideños, participar de las posadas, etc. Es decir, solo una vez que tengamos dispuesto nuestro espíritu —un amor desinteresado y generoso con los demás, convencidos del regocijo, júbilo y alegría de la espera, para poder transmitirlo a quienes nos rodean— es cuando podemos manifestarlo con las cosas materiales.

Es justo que estemos «esperando con alegría» cuando el Niño Jesús, que viene humilde entre los humildes, está tan cerca. Pero es necesario que nuestra alegría sea verdadera, profunda y sincera. Hagamos de la alegría, en este momento de la espera, una virtud para esta tercera semana de Adviento, recibiéndola con corazón humilde, abiertos al encuentro con Dios y con los hermanos.

Comentarios

4
Fátima Vallecillo 19 de diciembre de 2018, 16:55

Con alegría, gozo, esperanza y la certeza de que el Señor siempre nos acompaña, esperamos que Jesús renazca en nuestros corazones, para que haya paz en nuestra patria y en el mundo entero.
Jesús es la razón de la Navidad, es nuestra alegría, es verlo a Él en el prójimo.

3
Eloísa Mendez 17 de diciembre de 2018, 14:31

La Espera del Nacimiento del niño Jesús es Esperanza! Es Amor! Es tener una navidad realmente feliz compartiendo con nuestro prójimo el amor a Dios es eso realmente. Feliz Navidad es desearle la felicidad a nuestros vecinos pero tenemos que desear esa felicidad cuando realmente tenemos a Cristo en nuestro Corazón.

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María Iris Gallegos. 15 de diciembre de 2018, 12:31

Bendiciones, paz, humildad y respeto para nuestra Nicaragua. El nacimiento del niño Jesús trae a nuestros corazones una esperanza, un fuerza que nace solo del Espíritu Santo, preparemos ese corazón como el pesebre que recibió al Rey del mundo hace 2000 años atrás, pero que el nace en cada eucaristía, en cada anciano, en cada niño sin un hogar. En cada matrimonio que no puede progrear.... Te invito padre de familia a cultivar en tus niños menores la alegría del nacimiento del niño Dios.

1
fr. Pepe E.op 14 de diciembre de 2018, 12:56

Cuando ponemos la esperanza en Dios, no hay poder que entorpezca nuestro afán de alcanzar mejores condiciones de vida para los pobres.
Juan Bautista vive una profunda experiencia de Dios. Es un profeta de esperanza.
Si nuestros oídos están abiertos, descubriremos en nuestro entorno, profetas de vaqueros y deportivas que nos hablan de Dios.

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