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"Testigo de la Luz" Tercer domingo de Adviento

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En nuestra vida estamos tentados a ponernos en el centro de todo, a engordar desordenadamente nuestro ego, de abusar de la expresión “es que yo soy…”. Juan el Bautista nos da el remedio. Ante esas preguntas, que son nuestras tentaciones diarias, responde rotundamente: “Yo no soy… no lo soy… no”.

Seguimos avanzando en este tiempo de Adviento, a sólo una semana de la Nochebuena. La figura de Juan el Bautista vuelve a aparecernos en el Evangelio de hoy. Juan es la voz que grita, aquél que nos llama a preparar y allanar el camino de nuestro corazón para el Señor. No es casualidad que este gran personaje aparezca varias veces en el tiempo de Adviento, justo al inicio del año litúrgico. Su figura nos recuerda la necesidad que tiene el ser humano siempre de volver la mirada hacia Dios. De salir de la comodidad, de uno mismo, y de ir al encuentro del Dios que viene.

Juan tiene la misión de ser testigo. Y por eso, es para nosotros un modelo de nuestro actuar en el mundo. Somos testigos de Cristo, del Dios de la misericordia y el perdón. Nuestra vida debe ser un testimonio del mismo. Jesús nos dice que somos “la luz del mundo”. Pero no podemos ser verdadera luz si no estamos centrados en la Luz, en Jesús. Imaginemos por un segundo un vaso de cristal. Detrás del mismo ponemos una vela, una luz. Si el vaso no es transparente, no vemos la luz que brilla. Y si el vaso es transparente, podremos ver la luz dependiendo del color del líquido que haya dentro.