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Comunidad, formación laical, vinculación y corresponsabilidad

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La marca del estilo de la Orden dominicana está quedando impresa en la comunidad parroquial. Se nota en la insistencia en el valor de la comunidad, en la necesidad de crecer en la libertad, en la sencilla fraternidad y las relaciones amistosas, en la formación teológica del laicado, en la solidaridad con los pueblos más necesitados, en la universalidad y en la alegría de la fe.

En los años sesenta esta parroquia fue encomendada a la Provincia. Era la época post-conciliar, las personas que nos encontramos estaban animadas e ilusionadas. Los primeros religiosos que fueron enviados a esta misión fueron conscientes de donde venían. En medio de algunas dificultades intentaron plasmar una pastoral acorde con los tiempos ilusionantes del Concilio. Trataron de integrar a todos en una comunidad parroquial. Personas nacidas aquí en Vitoria, en Álava o los que llegaban de otras provincias en busca de trabajo.

La palabra comunidad fue una realidad que se percibió enseguida, pues los frailes con esta misión, vivían en comunidad y hacían las cosas en comunidad. Este sentido comunitario se ha mantenido fuerte durante todos estos años, con más o menos intensidad. Ahora los tiempos son distintos, pero los laicos que de siempre están en la comunidad, lo han mantenido y han seguido potenciándola. Los frailes, por nuestra parte, seguimos potenciando este estilo comunitario, con las preparación de todo en común, especialmente la formación y la liturgia.

Podemos decir, también, que es una comunidad parroquial con una experiencia de vinculación. La fe, como la vida, es una experiencia interpersonal. Vivir es convivir y creer es compartir la fe con otros. Por eso, el primer vínculo es el vínculo de la fraternidad. Ante todo, cuando participamos en una parroquia empezamos a crear lazos con otras personas. Es una experiencia de integración con otros y en la forma de vida colectiva. La parroquia de de los Ángeles, pues así es conocida, es un hogar fraterno, donde se dan fuertes vínculos personales y en donde han crecido muchas amistades.

Además, se preocuparon de crear una comunidad abierta, donde se acoge a todas las personas. Desde el comienzo se ha trabajado en una pastoral unida a otras parroquias y a las directrices pastorales diocesana. Está integrada un Arciprestazgo y se trabaja conjuntamente, tanto a nivel sacerdotal como a nivel laical. Digamos que tiene un vínculo de comunión eclesial. La fe nos ayuda a descubrir la profunda unión de los hijos e hijas de Dios y de los seguidores de Jesús.

Otra de las intuiciones que tuvieron nuestros hermanos que aquí han hecho pastoral parroquial fue la de impulsar mucho la formación. Eran tiempos en que las personas la demandaban y los frailes fueron sensibles a esta demanda. Desde siempre se ha mantenido este deseo de formación. Los religiosos participan de la formación que a nivel de diócesis se realiza y a los laicos se les sigue insistiendo en esa formación para dar razón de nuestra fe en los tiempos que nos tocan vivir.

Otra realidad que los primeros frailes trabajaron y se ha continuado e intensificado es la corresponsabilidad. Es una palabra muy grabada en el sentir y en el ser de las personas. Se suele decir como coletilla “lo que tú no hagas se queda sin hacer”. Cuando pensamos, a nivel de parroquia dominicana, en Vitoria nos viene espontáneamente a la mente esta palabra. Y me viene también el énfasis que en ella, siempre se ha alentado en esta comunidad durante muchos años. Ciertamente, en la parroquia la expresión “corresponsabilidad” es más que una mera palabra vacía o una expresión de moda eclesiástica. Se ha convertido en una fuerte convicción personal para muchos laicos, mujeres y varones, que forman y empujan el día a día de esta comunidad parroquial.

La corresponsabilidad surge donde hay fuertes convicciones personales, donde cada uno escucha la especial llamada de Dios en su conciencia y en las voces de los otros, y se siente involucrado en una misión compartida. Es decir, nace donde hay sólidos valores asumidos personalmente y de un modo comprometido. Cada uno descubre que hay algo importante que nadie puede hacer por él o por ella, que nadie puede reemplazar su lugar y la misión que le corresponde en traer al mundo unos valores que alienten la existencia.

La fe nos conduce a la preocupación por los más desfavorecidos y el amor quiere hacerse ayuda eficaz a los empobrecidos., por eso se ha trabajado y se sigue trabajando el vínculo de la solidaridad. A lo largo de su historia, la parroquia de Santa María de los Ángeles se ha ido hermanando con pueblos de la selva amazónica peruana, a donde llegan las misiones de la familia dominicana.

En la parroquia, como en todas, conviven niños, jóvenes, adultos, ancianos… mujeres y varones, seres humanos sanos y enfermos, personas con distintos trabajos, estudios, profesiones… con distinta procedencia e ideologías. Es una experiencia de vinculación entre las distintas generaciones y de convivencia en la diversidad y pluralidad. Es el vínculo de la paz. En esto también ha sido punto de referencia. Es el testimonio que la comunidad está llamada a dar en la sociedad: de la unidad en la diversidad y de la posibilidad de volver a reunirse en la reconciliación y el perdón. La experiencia de este vínculo alimenta valores sustanciales sobre los que construir y mantener la vida social. De ahí que la parroquia siga proporcionando una ayuda inestimable a la convivencia ciudadana, proporcionando fuerza y motivación suficiente para vivir valores tan imprescindibles hoy como nunca antes en la organización de la vida social y política.

Para nosotros es reconfortante ver que la marca del estilo de la Orden dominicana está quedando impresa en la comunidad parroquial. Algo de ello se nota en la insistencia en el valor de la comunidad, en la necesidad de crecer en la libertad responsable, en la sencilla fraternidad y las relaciones amistosas, en la formación teológica del laicado, en la solidaridad con los pueblos más necesitados, en la universalidad del horizonte de quien vive desde Dios, en la alegría festiva que celebra la fe y la vida.

Finalmente destacamos la manera de celebrar la liturgia que también es otra cosa en la que se ha trabajado mucho. Es muy participativa . Y además de participativa es muy viva. En ella somos responsables todos: frailes, laicos, familia dominicana todos.

Actualmente existen diversos grupos parroquiales en las distintas áreas de la pastoral. Grupos de liturgia, de formación, de acción social. Grupo de lectores, organistas, cantores, de liturgia, catequistas, Eskauts etc. Así mismo existen los distintos consejos pastoral, económico.

A nosotros nos toca recordar al estilo bíblico: sabiendo dar gracias a Dios por lo vivido y pidiendo perdón por los fallos y equivocaciones. Hacer memoria al modo de la Biblia es, sobre todo, reconocer el paso de Dios por nuestra vida, por la vida de esta parroquia.
 

Comentarios

1
Inocencio Fdez.Lees. 30 de abril de 2017, 19:29

P.Mitxel:
Me ha gustado mucho tú exposición.
Saludos.

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