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EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN, RESPONSABILIDAD DE TODOS

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El cuidado de la casa común es responsabilidad de todos. No somos los únicos que habitamos en ella, sino con otros seres vivos, a quienes debemos una dignidad y respeto. Demos gratis la herencia que hemos recibido gratis de la mano de la mano de su creador.

La ecología estudia las relaciones de los seres vivos con su entorno físico, materia y energía. La palabra ecología es de origen griego oikos ‘casa’ y logos ‘tratado’, con el sentido del lugar donde vive o se halla algo. El término fue acuñado en 1866 por zoólogo y biólogo alemán E. H. Haeckel (1834-1919). Cuando hablamos de la ecología como la ciencia que estudia la relación de los seres vivos con el entorno que les rodea, esto da entender que dentro de este conjunto de seres vivos no solo está el hombre, sino otros seres vivos que cohabitan con él, a los que debe un respeto y una consideración.

El hombre, como ser vivo, está afectado por su entorno. No puede vivir al margen de él. Es en su entorno donde desarrolla todas sus potencialidades. El papa Francisco se ha referido al entorno como la «casa común», que hay que cuidar y respetar. Un cuidado que tiene que llevar medidas concretas, pero medidas que ayuden al hombre a reducir su insaciabilidad hacia los demás seres. En efecto, uno de los desafíos actuales a los que se enfrenta el hombre tiene que ver con la crisis ecológica; con el deterioro progresivo y desmesurado de la «casa común». El cuidado de la Madre Tierra es una responsabilidad que hace a muchos delatar su irresponsabilidad hacia el bien común; una irresponsabilidad que es causada por la irrupción de los intereses egoístas del hombre. Todos somos responsables y todos debemos poner cuidado en la creación. Se hace necesaria una cultura ecológica integral. Es necesario tomar consciencia de su importancia, porque nos espera un futuro «sombrío».

Pero si no tomamos conciencia de cuidar nuestro ambiente, para no repetir los estragos del pasado, luchar por vivir bien el presente y garantizar no solo nuestro futuro, de mi ciudad, de mi continente, sino el futuro de miles y miles de animales, plantas, peces, hombre inocentes que por nuestra ambición y maldad tendrán que sufrir nuestro «calvario». ¿Nos atrevemos? Confío en que sí. Porque si no nos concienciamos, nos espera un futuro oscuro y tenebroso, donde habrá un incremento más del calentamiento global de la superficie, peores inclemencias del tiempo… De hecho, ya las estamos sufriendo: ríos y océanos insalubres por la indiligencia del hombre.

Queridos hermanos, el agua, el aire y las plantas, etc. son también nuestros prójimos. Vivimos en una interacción insoslayable con la naturaleza: de hecho, ella nos aporta más de lo que le proporcionamos. Hay un equilibrio desproporcionado. Pero si las relaciones interpersonales son posesivas, ¿cuánto más con los otros seres vivos que coexisten con nosotros? Pues serán igual, donde la desmesura del hombre sea el denominador común sin ninguna mirada al horizonte.

Como señalábamos antes, también el papa Francisco, se ha pronunciado al respecto, con su encíclica Laudato si’. Mostrando su preocupación sobre el deterioro que sufre la «casa común», habla sobre la importancia que tiene el cuidar nuestro planeta, «que también es como una hermana con la que compartimos la existencia y como madre bella que nos recoge entre los brazos». El Santo Padre nos invita a escuchar el clamor de la tierra, los ríos, los océanos maltratados y saqueados por unos intereses ambiciosos. A todos estos componentes les debemos una dignidad que estamos arrebatando. Tenemos que despojarnos de nuestro narcisismo para ponernos a trabajar, para buscar un dialogo con los otros seres, para afrontar mejor la crisis. (cf. Laudato si’). Juntos tenemos que unir esfuerzos para que el consumismo no nos consuma.

Está claro que para responder a esta crisis ecológica se necesita más compromiso y responsabilidad por parte todos. Es necesario fomentar la cultura del bien común. Claro que es necesaria, porque nos ayuda a ser seres sociales con y por los demás. No solo cuando queremos conseguir nuestros intereses, sino que ha de ser un estilo de vida. También tenemos que tener una cultura ecológica, que a muchos nos hace falta para poder cuidar estos espacios comunes que nos proporcionan la existencia, y darnos cuenta del daño que provoca nuestras acciones sobre la Madre Tierra. La cultura ecológica es indispensable para todos y debe ser introducida en todas las culturas, sobre todo con el espíritu de reciclar.

En ocasiones percibo en mi contexto cultural una exigua responsabilidad ecológica en donde la tala de árboles es descontrolada, muchos ríos y océanos contaminados… ¡Hay que hacer algo, por favor! Una cultura donde la palabra reciclaje se ha apartado, la gente hace estas cosas de manera inconsciente, por falta de una educación ecológica. Como lo puntualiza el santo padre Francisco, «la cultura ecológica no es algo que se improvisa para buscar respuestas efímeras, sino debería de ser: una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida (…)» (Laudato si, p. 88).

El cuidado de la casa común es responsabilidad de todos. No somos los únicos que habitamos en ella, sino con otros seres vivos, a quienes debemos una dignidad y respeto. Demos gratis la herencia que hemos recibido gratis de la mano de la mano de su creador. Una cosa tiene que quedar clara: ¡no somos propietarios del planeta! Hagamos el favor de dejar a la siguiente generación un futuro digno con una ecología digna.
 

Comentarios

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José-Dámaso 06 de agosto de 2019, 1:32

No cabe duda que ha de ser una prioridad mantenerla

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