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MISIÓN DOMINICANA EN CENTROAMERICA

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Es así como los frailes de la provincia San Vicente Ferrer tratamos de continuar en tierras centroamericanas la misión encomendada directamente por Domingo de Guzmán: ser predicadores de esperanza y constructores del Reino de Dios.

En 1519 llegaban los dominicos a tierras panameñas, fundando conventos dependientes de la provincia Bética en territorio español. Diez años más tarde, kilómetros arriba, fray Domingo Betanzos colocaba la primera piedra del primitivo y humilde convento dominico de Guatemala. Iniciaba así y desde esas épocas una expansión misionera de predicación por tierras centroamericanas, tan marcadas por su variedad cultural, étnica y geográfica.

La misión de los dominicos en América Central fue fundamentalmente desde sus inicios una predicación muy humana y a favor de los derechos humanos. ¡Cuántos caminos recorridos por Bartolomé de las Casas desde Guatemala hasta Nicaragua! Sin duda, batallas libradas contra muchos, tratando de demostrar que para Dios los indígenas también son personas, que merecen un trato digno, justo y humano. Son la sangre del martirio y la acción justa y profética los elementos desde los que se ofrece la espiritualidad dominicana como un don de Dios a la gente en estos pueblos. Una misión que 500 años después sigue dando frutos, encarnándose en la vida de los frailes, de las monjas, de las religiosas de vida apostólica, de las fraternidades laicales, de grupos y asociaciones afiliadas a la Orden, del MJD y de tantas personas que profesan especial admiración y devoción a la figura de Domingo de Guzmán.

Han sido sin duda 500 años de historia, de luchas, de sueños, ilusiones, esperanzas, pero también de tropiezos, de sufrimiento, de acomodamiento. Tiempos en que el horizonte parecía perderse, pero Domingo seguía velando por sus hijos. Tiempo de resurgir entre las cenizas, gracias al esfuerzo de hermanos que, como los primeros misioneros, se movieron de diversos lugares del mundo (España, Italia, Estados Unidos, México, Alemania, Suiza, etc.) a unirse al trabajo de la pequeña Centroamérica, que tímidamente iba dando pasos. Es hablar de una misión que recuerda el cenáculo de Pentecostés, donde una explosión de amor divino dio espacio a infinidad de lenguas, formas, colores y maneras de predicar el evangelio.

 

• Desde la tierra de la eterna primavera, Guatemala, con sus tradiciones e historias, con una Verapaz impregnada de celo apostólico y especial ternura por sus habitantes, con hermanos que se dedican a la investigación del mundo maya, hermanos que se dedican a la atención pastoral de cuatro parroquias, que son verdaderos centros de predicación. Una tierra marcada profundamente por el amor a la Virgen del Rosario, su patrona, y herencia de la predicación dominicana.

• Llegamos al pulgarcito de América, El Salvador, que con el calor de su gente abraza a nuestros frailes y los lanza a entregarse por completo en las dos comunidades constituidas. Espacios de encuentro en zonas rurales, asentamientos pobres, cuido de la vida sacramental de los fieles y, como siempre, predicadores del amor interminable de la Madre de Dios en ambos sitios.

• Pasamos por el país de las cinco estrellas, Honduras. Aquí unos valientes norteamericanos llegaron hace mucho tiempo a mostrar a la gente otra forma de ser predicador. Ha sido atendiendo a personas con enfermedades terminales, a través de capellanías universitarias y ahora al frente de una parroquia en una zona populosa como el carisma ha venido forjándose a través del tiempo.

• Luego avanzamos a la tierra de lagos y volcanes, Nicaragua, con su gente tan alegre y su cultura llena de color y vida. La tierra germinada por la sangre de Valdivieso, el obispo dominico mártir por la defensa de los indígenas, ahora resurge con frailes dedicados completamente a la enseñanza y educación. Con dos centros educativos y una universidad internacional, el carisma se hace presente entre la juventud nicaragüense.

• Si seguimos desplazándonos al sur, llegamos a escuchar la expresión «pura vida», muy propia de los costarricenses. Aquí la Orden desde hace más de 150 años ha sido pieza clave en la evangelización de muchas zonas, y ahora se entrega a la atención parroquial, educación en el colegio y aporte a la vida intelectual civil desde un centro de investigación.

• Finalmente llegamos a la tierra que conecta el Pacífico con el Atlántico: Panamá. Es aquí donde 500 años después los predicadores seguimos presentes, dando testimonio de vida evangélica y buscando nuevos ejes de acción.

Es así como los frailes de la Provincia San Vicente Ferrer tratamos de continuar en tierras centroamericanas la misión encomendada directamente por Domingo de Guzmán: ser predicadores de esperanza y constructores del Reino de Dios.

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