Vida sexual célibe

Fr. Cosme Puerto Pascual
Fr. Cosme Puerto Pascual
Convento Virgen de Atocha, Madrid

Hoy mirando y reflexionando sobre el futuro de mí sexualidad célibe me atrevo a plantarle cara y hacerme algunas preguntas: Lo que somos hoy, es un producto tanto de lo que conseguimos como de lo que no, en el plano afectivo, amoroso, íntimo, sentimental y sexual.


¿Qué célibe no ha vivido o dejado de vivir en su vida sexual muchas cosas? La formación sexual que debimos de recibir y no recibimos; los libros que debimos leer y no nos dejaron o no pudimos; las cosas que deseamos y pensamos y no nos dejaron; las amistades heterosexuales que surgieron y dejamos culpabilizadas. Lo cierto es que no hay retorno a nuestra sexualidad célibe del pasado y no sabemos (ni jamás podremos descubrir) qué hubiera sido de nuestra sexualidad célibe sin alguna de las grandes asignaturas pendientes, que tenemos. Entonces: ¿qué conviene hacer? ¿Refugiarse en el olvido de la sexualidad pasada o pelear por aquello que una vez soñamos, deseamos, más ahora, cuando los viejos sueños vuelven a exigir su hueco entre muchos propósitos del presente para el futuro?


Qué es más positivo y saludable, ¿aceptar la vida sexual célibe tal cual viene, siempre de cara al futuro, o volver a luchar por los idealismos o sueños que antes dejamos sin realizar en el pasado? Mi parecer es que un planteamiento no invalida el otro. Puedes asumir las cosas y, además darte cuenta de que nunca es tarde para acometer lo que deseaste ayer. Las asignaturas pendientes no se olvidan, sino que las rememoramos con frecuencia; es algo para lo que todavía hay tiempo; una puerta que aún hoy no se ha cerrado del todo en la vida de ningún célibe.


Mirando al futuro en mí vida amorosa y sexual, como célibe que soy, nunca te aconsejaría ni la negación, ni represión y mucho menos las permisión sexual. Bien pensado, la vida sexual célibe en sí misma siempre es una gran asignatura pendiente, porque continuamente nos obliga a seguir eligiendo. Escoger un camino implica renunciar siempre a otros, equivocadamente o no.


El célibe debe ser realista en su vida afectivo-sexual. Perseguir idealismos, espiritualismos o anhelos casi imposibles en este campo puede conducir al desanimo, abandono o la tragedia. Lo mínimo que le puede pasar es sentirse hastiado de su estilo de vida, por lanzarse a sueños irreales e inalcanzables. Las metas inalcanzables llevan a la melancolía y tristeza. Lo real y más viable en nuestra vida sexual célibe es aceptar los continuos errores e ir modificando aspectos de ella que no terminan de hacerte feliz, que embarcarte en fantasías irrealizables o metas imposibles. Pero sin olvidar que nunca soplan vientos favorables para quien no sabe adónde va o se dirige. Si sabes donde vas y lo que quieres en tu sexualidad célibe, lucha por ello, no tires nunca la toalla antes de tiempo.


Algunos pueden pensar que cometer errores sexuales equivale a fracasar en su sexualidad célibe, y ese miedo quizá los lleve a no luchar por sus anhelos y metas del pasado. Olvidan que las equivocaciones en este campo como en otros conforman una parte imprescindible del aprendizaje vital de la sexualidad.


El primer error o tropiezo en nuestra sexualidad célibe consiste en la ceguera de creer que nunca metemos la pata, en la incapacidad de ver cómo es de verdad nuestra vida sexual célibe.


¿Qué puede hacer con mi sexualidad célibe para mejorarla? Hay que seguir adelante, pero, ¡ojo!: somos lo que hemos vivido, esto no conviene ser olvidado.


Frente a precaución hay que tener cierta osadía; mucho valor frente al miedo; rebeldía frente a la resistencia; ante la ignorancia búsqueda constante de la verdad; ante las dificultades saber dar un gran brinco; quedarte parado no es siempre lo más seguro; el no hacer es lo más peligroso y el terreno más inseguro; lo que nunca recomiendo mirando a mi pasado sexual célibe es la negación y represión.


Con una llamada las puertas de tu sentido común. Me gustaría terminar diciéndote como célibe que soy: atrévete cautelosamente a vivir tú sexualidad célibe sin miedos a los errores y problemas. Arriésgate a amar más gente y relacionarte con todas las personas que se acerquen a tu vida sin miedos y culpabilidades, vengan o no vengan con buenas intenciones. Sé una persona muy abierta a los cambios y siembra en los demás esa actitud.