Acogiendo el don de la vida

Acogiendo el don de la vida

Fr. Manuel Eduardo Alvarado Salinas
Fr. Manuel Eduardo Alvarado Salinas
Real Convento de Predicadores, Valencia

Me han encomendado escribir este breve artículo con el título «No al aborto»: sin embargo, he preferido usar un término en positivo, dejando ver que las negaciones muchas veces generan cierto grado de pesimismo e inconformidad a nivel lingüístico. Por tanto, «Acogiendo el don de la vida» es algo que desde la antropología positiva puede ser más trascendente.

Acoger es una palabra clave en el tema del aborto, sobre todo porque al interrumpir un embarazo se está rechazando algo dentro de uno mismo. Acoger y rechazar pueden tener un sentido de trascendencia espiritual, pero esa trascendencia es tan grande que es capaz de humanizarse para poder hacerse tocar, sentir, palpar, y sobre todo capaz de ser acogida o rechazada.

Acogemos desde el ser agradecidos, responsables, conscientes de que lo que hay dentro del vientre no es solo un conjunto de células independientes, y hasta cierto punto extrañas al cuerpo materno, que van tomando forma humana a «imagen de lo trascendente”, sino que es el don mismo de la vida que justo en ese momento se está dando en custodia a la madre.

Como cristianos, hemos de tener la capacidad de acompañar procesos con mucha humanidad.

Mucho se ha dicho de que el pecado original se transmite en el momento de la cópula, cuando se concibe al nuevo ser, habiendo pasado a tener el acto mismo una connotación sexual negativa. Pero qué diferente sería verlo en positivo y saber que Dios está divinizando el momento tan humano de la concepción, y es allí, donde surge el pecado original, donde también surge la gracia, esa que Dios está transmitiendo a la nueva criatura, que estaba en la mente de Dios desde mucho tiempo atrás.

Rechazamos muchas veces desde la inconsciencia, el relativismo, el utilitarismo: cuando el «derecho a decidir» pasa por encima de todo criterio moral objetivo y se piensa solamente en el bienestar propio, cuando se es incapaz de ver mas allá, de pensar solidariamente en el otro. Si rechazamos la gracia natural que Dios otorga a una nueva criatura, estamos rechazando al mismo Dios, privándola de recibir tanto la gracia sanante del pecado original como la elevante, que la capacita para conocer a Dios.

 vida

Después de estas teológicas consideraciones, es necesario preguntarse: ¿estoy combatiendo el aborto solo con una postura «apologética» o lo hago de manera racional, teniendo en cuenta el valor que tiene la vida que se quiere eliminar, pero también el valor de la vida de la mujer que, en medio muchas veces de crisis, angustia, indecisión, presiones, debe llegar a esta decisión? Es necesario buscar un equilibrio entre ambas.

Me parece de vital importancia que, como cristianos, tengamos la capacidad de acompañar procesos con mucha humanidad. Cada caso de aborto es diferente, aunque el fin sea el mismo; cada situación merece una consideración adecuada. No es lo mismo un aborto en un contexto de increencia, total relativismo, en que el embrión es visto como un problema, a uno en contexto de violación, pobreza extrema, o accidente. A veces, desde los sectores mas radicales, ni siquiera se es capaz de escuchar la postura de la mujer e incluso es vista solo como una máquina de reproducción.

¿Por qué no, en lugar de dedicarnos a condenar, muchas veces no solo el acto sino desgraciadamente también a la persona, mejor nos dedicamos a fomentar una cultura de educación sexual, acompañamiento, conciencia prenatal, planificación familiar, etc.? Muchas veces esta condena a la mujer desemboca en un machismo exacerbado, como si las mujeres que han sido violadas, por citar un ejemplo, lo hubiesen deseado y el hombre no tuviera culpa alguna.

No podemos condenar a ninguna mujer por su acto, rechazamos el acto mismo en sí: podemos concienciar a la madre que tiene muchas posibilidades para el nuevo ser que lleva dentro, pero no tenemos autoridad para juzgarla, y mucho menos excluirla de la comunidad. Esto solo crea más deshumanización e insolidaridad.