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Solemnidad del Bautismo del Señor

1 comentarios

Acudiendo al bautismo, Jesús reconoce la acción salvadora de Dios presente ya en la actividad de Juan, su precursor. El ministerio de Juan y el bautismo de Jesús preparan la actividad del “Hijo amado”, del predilecto de Dios.

 

Marcos 1, 7-11
En aquel tiempo, proclamaba Juan:
– «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.
Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.»
Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo:
–«Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto.»

Con el bautismo Jesús comienza su vida pública, se podría decir que hasta entonces, su vida se limitaba al círculo social y familiar de su pueblo “Nazaret de Galilea”, donde trabajaba y vivía junto a su madre y parientes, pero con el bautismo Jesús experimenta un cambio radical en su vida, pues va a emprender un camino que irá más allá de las fronteras de su pueblo natal y de los lazos familiares. El texto nos dice: “Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea”, significa que Jesús ha roto con su vida pasada, dejando pueblo, familia y trabajo para emprender un camino de fidelidad a la palabra y radical compromiso con el plan salvífico de Dios. Acudiendo al bautismo, Jesús reconoce la acción salvadora de Dios presente ya en la actividad de Juan, su precursor.

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El ministerio de Juan y el bautismo de Jesús preparan la actividad del “Hijo amado”, del predilecto de Dios. Al recibir el Espíritu, Jesús es ungido como el nuevo Rey de su pueblo pero también como su Siervo. Jesús va a ser el Mesías que va a dar la luz a los ciegos, libertad a los cautivos, sanación a los leprosos, paralíticos, endemoniados, etc. El hecho mismo de que todo esto sucediera en Bethabara, al otro lado del Jordán donde Juan estaba bautizando (Jn 1, 28), es toda una simbología que recuerda el paso del Jordán al final del Éxodo (Jos 3). Juan administra el bautismo de penitencia al otro lado del Jordán preparando al pueblo para el paso a la Tierra Prometida. Si la dinámica de Juan era la de pasar desde el otro lado del Jordán, o sea, desde abajo, desde donde está la miseria del mundo hacia la “tierra que mana leche y miel”, la dinámica de Jesús será la contraria, Jesús cruzó desde el lado contrario. Una vez más Dios se abaja, se solidariza con la miseria del mundo. Jesús se despoja de su rango y se pone al lado de los pecadores para cruzar junto ellos las aguas del Jordán y adentrarlos nuevamente en la Tierra prometida.

Éste es el inicio de la predicación de Jesús, desde la más absoluta humildad, situándose al lado de los últimos. Desde este acontecimiento se puede vislumbrar ya la línea que seguirá Jesús en la predicación del Reino de Dios a la humanidad.
 

Comentarios

1
fr.Pepe E,op 06 de enero de 2018, 12:27


Frank: Como bien dices la predicación del Reino si no la hacemos desde la humildad no llega a nadie.
La actitud de Juan nos sirve para distinguir a los que anuncian a Jesús de verdad y los que se anuncian a si mismos. Si queremos anunciar a Jesús, debemos hacer como Juan. Apartarnos a un lado, anunciarlo con nuestras vidas. Ser portadores de su luz.

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