Benditas coincidencias

En la vocación son muchas las coincidencias que se van dando y que te permiten discernir que será de tú vida. Es lo que me esta pasando a mí. El sábado seré ordenado diacono, y al día siguiente cumpliré 29 años de mi bautizo. Dios se da las licencias en hacer coincidir los momentos importantes en la vida para seguir manteniendo su anonimato.


Es así en el evangelio. El fariseo le ruega a Jesús a que vaya a su casa y dialoga con él. La mujer en cambio le ruega a Jesús… pero desde el silencio y la praxis. El fariseo se hunde en su discurso acusando a la mujer por su procedencia y su labor en la ciudad, y con ello acusando a Jesús por arrogarse la facultad de perdonar pecados. El fariseo pone en duda que Jesús conozca el interior y la vida de la mujer. Jesús lo deja hablando solo. Solo volverá al diálogo al escuchar lo que Jesús dice a su nuevo receptor. Ahora es Simón quien se ve interpelado por el Maestro. El fariseo pasa a la historia y de forma paupérrima. 


Simón es interpelado por una pregunta y responde con cierta duda pero responde bien, porque es capaz de analizar la situación, es consiente de lo que esta pasando con la mujer, reconoce lo injusto que son los fariseos. Él sabe y confía en su Maestro y en que éste liberará a la mujer de sus males. Y lo confirma con esa solemnísima oración “quedan perdonados sus muchos pecados porque ha mostrado mucho amor”


Lo que le cuesta a Simón es vivir la dimensión de la acogida. Simón no fue capaz de acoger y atender a Jesús. No se interesó en hacer sentir bien al Maestro cuando éste se encontraba en su casa. Vemos que la mujer no para de acogerlo y el gesto es tan profundo que comienza a acoger a Jesús por la parte más sucia de su cuerpo, los pies. En el mundo judío antes de comer debían lavarse las manos y los brazos como también los pies. Esta mujer primero se pone detrás del maestro, desde allí pasa a lavar sus pies con sus lágrimas. Llora porque sabe quién es él… y no se atreve a mirarlo. Lo seca con sus cabellos y termina ungiéndolos con un perfume. Me pregunto si se atrevía a levantar su mirada sabiendo que Jesús estaba de espalda a ella. Al volverse Jesús hacia la mujer, éste la perdona y le reconoce que su acto es de fe. Le concede que viva en la paz, que nada la atormente.


Millones de pies hay hoy también que necesitan ser lavados. Hay que sacarles lo que les impide caminar en la vida. Esta suciedad que no nos deja ir tras EL SEÑOR. Es verdad que algunos se ensucian los pies a gusto para no caminar y quedarse en las comodidades que le propone el mundo. Si nos fijamos esta mujer lava los pies y posiblemente este detrás del maestro anunciando la Buena Nueva. Es la invitación que nos hace esta mujer.


Las coincidencias hacen que esta mujer se levante, se anime, que se considere digna de seguir a Jesús a anunciar la Buena Nueva. Ella con su acción les abre esperanza a muchas personas que se encontraba en la misma situación para ir tras el Hijo de Dios. La mujer pecadora es un signo potente de que no hay condiciones adversa a caminar detrás del Maestro.