¿QUIÉN ES JESÚS?

Fr. Salvador Nguema Nguema Nchama
Fr. Salvador Nguema Nguema Nchama
Malabo, Guinea Ecuatorial
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El tercer domingo de Adviento, es conocido tradicionalmente como el domingo "Gaudete", debido a la antífona de entrada de la Misa: "Gaudete in Domino semper. Iterum dico: gaudete. Dominus prope est". "Estad siempre alegres en el Señor. Os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca.”

El evangelio tiene como protagonista a Juan Bautista, llamado a preparar el camino del Señor, y la exigencia de conversión que esta venida comporta. Una exigencia que Juan concreta, sobre todo, en la justicia y en la capacidad de compartir lo que uno tiene. Es precisamente el motivo por el cual el rey Herodes le metió en la cárcel. En medio de este anuncio solidario, fraterno, encuentro una paradoja en la conversión que predica Juan y la pregunta que él, desde la cárcel, manda a hacer a Jesús por medio de dos de sus discípulos. Mateo pretende unir dos realidades aparentemente contradictorias, es decir, Juan, que acababa de anunciar la venida de Jesús como el Mesías, ahora manda a sus discípulos a preguntarle si es Él el que ha de venir o hay que esperar a otro. ¿Es posible esta unión? ¿Qué es lo que realmente nos quiere decir Juan? Juan estaba cumpliendo una misión, una misión que no entendía, pero que no podía posponer. La misión del profeta: ir delante del Señor a preparar sus caminos.

Juan todavía sigue sin entender lo que está sucediendo, está desconcertado por lo que oye de Jesús. Las noticias que le llegan no responden a sus expectativas, ya que esperaba un Mesías potente, poderoso, en el sentido estricto de la palabra, que venía a arrasar, a arrebatar y a recuperar lo suyo. Evidentemente esto es lo que le inquieta, hasta que manda a dos de los suyos para que interroguen a Jesús si Él es el Mesías, el que esperaban y al que hay que seguir.


La respuesta de Jesús es muy concreta y precisa: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!”.

Jesús responde a la pregunta de Juan con su actuación sanadora y cercana a las gentes más empobrecidas y abandonadas, sin recursos ni esperanzas para una vida mejor, que coincide con las palabras que cita de Isaías hablando de la actuación del Mesías cuando venga.
Jesús, para identificarse como Mesías, no necesita mucha palabrería, bastan sus obras. Con su actuación misericordiosa con los más necesitados, ya ha hablado, ya se ha identificado como el Mesías que viene a entregar su vida por lo demás, donde el amor y no el poder es su nota predominante. Desde luego, no es lo que esperaba Juan.

La confusión de Juan me hace recordar a ciertas personas que, cuando planteé mi deseo de seguir a Jesús, me veían en un camino equivocado, perdido y me hacían muchas preguntas. Tengo que reconocer que entonces yo mismo tampoco lo entendía. Sólo reconocía que Alguien se había cruzado en mi camino, dejándome inquieto, y sin opción fuera de la suya. Ahora, después de haber caminado un cierto trecho por el camino que Él me ofreció, ya no doy las mismas razones que me movieron en un primer momento para seguirle. He encontrado en Él el tesoro y la alegría prometidos. No me he sentido defraudado por Jesús, sino que me he dejado guiar por Él a descubrir nuevos horizontes. De la misma forma te digo: “¡Ánimo, el camino de Jesús está lleno de vitalidad: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia!”.