Novena estación del Vía Crucis - Jesús cae por tercera vez
El justo se cae siete veces y se levanta (cf. Pr 24,16)
¿Qué podemos decir de la tercera caída de Jesús? Evidentemente, la tercera caída nos indica uno de los momentos más angustiosos de la vida de Jesús. En esta escena se contempla a Jesús completamente agotado, ya que su cuerpo está desgarrado por la flagelación, el dolor y la pérdida de sangre, el peso de la cruz, etc. Ahora bien, no es simplemente un episodio físico de cansancio, sino que también es la manifestación visible del peso espiritual que Cristo ha decidido cargar: el pecado de toda la humanidad. De este modo, la caída de Jesús no es una derrota, ni mucho menos un fracaso de la grandeza de Dios, sino una expresión del amor divino que se solidariza con la fragilidad humana. En consecuencia, la caída de Jesús es una muestra de que Dios ama a la humanidad, por eso comparte sus sufrimientos. San Pablo dice: “se rebajó a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y una muerte de cruz” (cf. Flp 2,8). Luego, Cristo, siendo verdadero Dios y verdadero hombre (CIC 464), acepta experimentar la debilidad más radical del ser humano: la muerte. Este gesto revela una verdad central: Dios no salva al mundo desde la distancia ni desde el poder triunfante, sino entrando en lo más profundo del sufrimiento humano. En la tercera caída de Jesús vemos cómo Dios desciende hasta el lugar donde el ser humano se siente más frágil, más humillado y derrotado.

Pero, el significado de esta estación no está sólo en la caída, sino en el hecho de que Cristo vuelve a levantarse para continuar el camino. Lo cual es una gran lección para cada cristiano, es decir, levantarse ante nuestras caídas, porque: “Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas” (cf. 1 P 2,21). En definitiva, Jesús, agotado y casi sin fuerzas, sigue caminando a nuestro lado puesto que su amor por la humanidad es más fuerte que el sufrimiento.
Esta escena se vuelve especialmente comprensible cuando se mira a la luz de la vida cotidiana. Pues, muchas personas experimentan situaciones en las que sienten que ya no pueden continuar: un padre o una madre que trabaja incansablemente para sostener a su familia en medio de dificultades económicas; un estudiante que, después de varios fracasos, vuelve a intentar aprobar un examen; una persona enferma que cada día lucha por mantener la esperanza; o alguien que, tras una traición o una pérdida profunda, debe reconstruir su vida desde el dolor. En esas experiencias humanas se refleja, en cierto sentido, la tercera caída de Cristo. Son momentos en los que el peso de la vida parece demasiado grande. Sin embargo, también son momentos en los que se revela una fuerza interior que permite levantarse nuevamente: “pues el justo se cae siete veces y se levanta” (cf. Pr 24,16) fijando siempre la mirada en Jesús, quien nos ayuda incansablemente para salir de nuestras caídas cotidianas. Pero ¿por qué Jesús sale siempre a nuestro encuentro cada vez que nos caemos? Porque su amor es incondicional y su naturaleza es la de un redentor que busca restaurar todo aquello que está roto.

