El reino de los cielos (XVII DOM. DEL T.O.)

El reino de los cielos (XVII DOM. DEL T.O.)

Fr. Esteban Nko Sipi
Fr. Esteban Nko Sipi
Convento de Santo Domingo, Yaundé - Camerún
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Queridos hermanos, nosotros, las personas, en ocasiones, para medir nuestras capacidades, sobre todo nuestro nivel de sinceridad con nosotros mismos, nos solemos proponer retos, y uno de estos retos suele ser alcanzar el Reino de los Cielos: ese Reino de Dios, que es y siempre será el desafío, el tesoro más buscado y anhelado por todos los cristianos. Eso, por el misterio que esconde, la gracia, la felicidad, la liberación y el amor que nos da; un amor que es vivido, predicado y entregado por su Hijo, Jesucristo, para nuestra salvación.

            Amadísimos hermanos, el Reino de los Cielos es el mayor tesoro en el mundo que puede dar sentido en mayúsculas a nuestra existencia. Pero bastaría entrar en diálogo con el Señor, con humildad, pidiéndole un corazón dócil para percibir este tesoro en aquellos silenciados, es decir, en los corazones abatidos y las fisonomías sin horizontes, en mis hermanos; porque en ellos también se encuentra el Reino de Dios, que está siempre escondido en los hombres y mujeres que me rodean. Sin embargo, la condición necesaria para percatarse de este tesoro en los demás es pedir al dueño del Reino la capacidad para discernir el bien y el mal, y escuchar como lo hizo Salomón en la primera lectura.  

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            Es evidente, queridos hermanos, que una vez hallado el tesoro escondido, esto nos obliga a despojarnos de todo lo que disponemos para su mejor cuidado. De tal modo que no es un tesoro que nos hace ser narcisistas, ni tampoco monopolistas, porque el amor de Dios no puede ser acaparado, sino «democratizado» para la alegría y la liberación de todos sus hijos.

            ¡Ojalá nuestras buenas obras y nuestro buen corazón nos lleven a descubrir ese tesoro que da vida eterna!