Primera Estación del Vía Crucis - Jesús es condenado a muerte

Primera Estación del Vía Crucis - Jesús es condenado a muerte

Fr. Andrea Maria De Cecco
Fr. Andrea Maria De Cecco
Real Convento de Predicadores, Valencia
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Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron (Jn 1,11).

Dentro de una banda de ladrones, no es fácil juzgar de manera objetiva. A nadie le gusta mirarse a sí mismo; y si somos capaces de ver nuestras faltas, aún más difícil es admitirlas delante de todos. Las faltas de los otros, esas sí que se ven muy claras. Pero siempre se encuentra una buena razón para callar: el miedo, una complicidad disfrazada de amistad, la conveniencia. Lo más fácil es que todos juzguen a un solo hombre justo.

Pilato entonces sacó afuera a Jesús y se sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos: «He aquí a vuestro rey». Ellos gritaron: «¡Fuera, fuera; crucifícalo!». Pilato les dijo: «¿A vuestro rey voy a crucificar?». Contestaron los sumos sacerdotes: «No tenemos más rey que al César». Entonces se lo entregó para que lo crucificaran (Jn 19,13-16).

Primera Estación

El único que estaba verdaderamente sin pecado, y sin embargo nunca quiso tirar la primera piedra, ahora es llevado en cadenas como los malhechores. El Juez de la historia se deja juzgar por los hombres, pero de esta manera los hombres se juzgan a sí mismos, revelando con la mentira la verdad de sus corazones. Y hasta el día de hoy, cuando juzgamos a los hermanos, también nosotros seguimos juzgando al Hijo de Dios en nuestros hermanos.

Examinando nuestras conciencias, pedimos la gracia de no presumir de ser inocentes. Si alguien es injusto hacia nosotros, pedimos la fuerza de saber soportar las ofensas con amor, y a veces incluso con el silencio. Si somos testigos de una injusticia, no dejamos solos a los perseguidos, como fue dejado solo nuestro Señor. En cualquier ocasión, pedimos la gracia de no querer juzgar a los otros; porque con nuestros juicios en realidad nos estamos juzgando a nosotros mismos, y la medida que usamos se usará contra nosotros. Pedimos en esta Cuaresma la gracia de ser mensajeros de misericordia, la gracia de saber perdonar y de pedir perdón.

 

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