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LA COMPASIÓN DOMINICANA SE HACE GRITO

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El impulso compasivo a la hora de obrar se forja en el interior del corazón: el hombre bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien [...] porque de lo que rebosa el corazón habla la boca (Lc 6,46).

Para profundizar bien en la rica variedad de matices que nos propone el significado de la compasión vamos a comenzar realizando una aproximación lingüística a los términos compasión y misericordia. Si acudimos al diccionario de la RAE define la compasión como: sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien. Para el término misericordia emplea varios matices: virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenas; atributo de Dios, en cuya virtud perdona los pecados y miserias de sus criaturas; porción pequeña de alguna cosa, como la que suele darse de caridad o limosna. Estos conceptos son generales, amplios y necesarios para resituar lo que en el ámbito de habla española entendemos por caridad.

El término compasión proviene del latín compati, que significa "sufrir con", "padecer con". Es un valor del ser humano capaz de comprender la situación del otro conectándose desde un sentimiento espontáneo de solidaridad para responder a sus necesidades. En el lenguaje coloquial este vocablo viene a recoger lo que tiene que ver con la simpatía o el movimiento del alma que nos hace sensibles, de forma espontánea, radical, a los males y sufrimientos del prójimo; esta palabra expresa también el dolor experimentado ante el sufrimiento del prójimo junto con una actitud interior que nos pone en comunión con la miseria ajena. Es precisamente en el lenguaje coloquial donde aparecen una serie de sinónimos de la palabra compasión, como piedad, humanidad, conmiseración o misericordia. Por tanto, el término no se puede acotar en un solo significado sino que tiene una gran riqueza de matices. 

Dentro de la variedad de los matices que nos presentan los vocablos compasión y misericordia nos interesa resaltar el matiz de que es un amor en acción. Así lo expresa Henri J. M. Nouwen: La compasión nos demanda ir allá donde se sufre, entrar en los lugares de dolor, participar del quebranto, del miedo, de la confusión y de la angustia. La compasión nos desafía a gritar con los que se encuentran en la miseria, a afligirnos con los que están solos, a llorar con los que se deshacen en lágrimas. La compasión nos exige ser débiles con el débil, vulnerables con el vulnerable e impotentes con el impotente. La compasión significa sumergirse totalmente en lo que supone el hecho de ser humano. De este modo podemos ver claramente que la compasión tiene un calado más profundo, que se trata de algo más que la mera y difusa bondad, simpatía o ternura de corazón. Y es precisamente, en todo este sustrato, en el que podemos hacer referencia a la herencia de la compasión que nos deja marcada la figura de Santo Domingo.

Domingo la vivió la compasión como un desafío personal. Posiblemente esa compasión se le forjo a fuego en los primeros años de su vida, viviendo la hondura misericordiosa junto a su madre ante todos los que llamaban a su puerta demandando caridad, solidaridad, ternura, de gentes que se vieron presas ante las batallas de la reconquista. Por tanto, ese principio de "padecer con" lo va a hacer suyo desde temprana edad. San Pablo en su carta a los romanos ya dibuja unas pinceladas sobre este principio de "padecer con", "con vivir" ante una realidad ajena: alegraos con los que están alegres: llorad con los que lloran (Rom 12,15). Y, es en ese contexto castellano, en el que Nuestro Padre Santo Domingo comprende la profundidad del amor. Amor-compasión nos debe llevar incluso a amar a nuestros enemigos. Que nuestro amor no sea una farsa o fingido. Así lo recogen los biógrafos de Nuestro Padre Santo Domingo: Todos los hombres cabían en la inmensa caridad de su corazón y, amándolos a todos, de todos era amado. Consideraba un deber suyo alegrarse con lo que se alegran y llorar con los que lloran, y, llevado de su piedad, se dedicaba al cuidado de los pobres y desgraciados.