¿Te animas a ser como la samaritana?

Fr. Dailos José Melo González
Fr. Dailos José Melo González
Real Convento de Predicadores, Valencia
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Si recordamos, en el primer domingo de cuaresma se nos hablaba de las tentaciones y en el segundo domingo de la Transfiguración. Con el Evangelio de este domingo, entrando ya en la tercera etapa de nuestro camino cuaresmal, se nos presenta el encuentro de Jesús con la Samaritana. El próximo domingo se nos hablará del encuentro de Jesús con un ciego de nacimiento. Y el domingo siguiente, el último ya de este camino cuaresmal, se nos presentará el encuentro de Jesús con el cadáver de su amigo Lázaro. Éste es el recorrido que la Iglesia nos propone durante los domingos del tiempo litúrgico de cuaresma de este ciclo A. A través de estos encuentros de Jesús con diversas personas se nos presenta un camino de fe. Un camino de fe que nosotros debemos recorrer.

En este domingo, Jesús se encuentra con una mujer. Con una mujer samaritana, considerada por los judíos idólatra, herética y pecadora. Este hecho llamó la atención de sus discípulos, que se sorprendieron cuando lo vieron hablando con ella. Una vez más, Jesús rompe con la concepción que se tenía en su época, y nos demuestra que ha sido enviado a todos, no sólo a unos pocos privilegiados. Jesús quiere encontrarse con todos. No le importa si eres más o menos pecador, más o menos creyente, más o menos religioso. Jesús quiere tener un encuentro personal e íntimo con cada uno de nosotros, como lo tuvo con la mujer en el pozo.

Este relato del encuentro de Jesús con la Samaritana es de los más bellos de la Biblia. De una simple conversación sobre el hecho de que Jesús tiene sed y pide agua del pozo a la Samaritana, se pasa a una conversación mucho más profunda. Las personas, a menudo, sentimos sed. Sed física; pero también sed de tener otras cosas, sed de ser mejores, sed de sentirnos amados, sed de ser de otra manera, sed de tener éxito, sed de tener sentido en nuestra vida.

Es curioso cómo Jesús descubre la sed de la Samaritana presentándose él primero como necesitado de ella, de que le diera agua para saciar su sed. Esto es una gran enseñanza para nosotros. Cuando nos presentamos ante los demás de igual a igual, con humildad, necesitados del otro, como Jesús, entonces podremos ser escuchados y acogidos por los demás. Sin embargo, si nos creemos superiores a los demás, y nos acercamos a los demás en ese plan, es muy probable que en seguida nos rechacen y no nos escuchen.

Queridos amigos y amigas que me leéis a través de ésta página que llevamos los frailes estudiantes de la Provincia de Hispania: Podemos “tener sed” de muchas cosas. Podemos “tener sed” hasta de cosas que a veces no sabemos ni nombrar porque solo el corazón las entiende… ¡Qué bien nos sentimos cuando nos encontramos con alguien que es capaz de descubrir nuestra sed!

Os invito a que durante esta semana os dediquéis un rato a releer este texto del capítulo 4 del Evangelio de San Juan, poniéndoos en la situación de la mujer Samaritana. Y que nos fijemos cómo la mujer siente necesidad de ir a hablar de Jesús a los demás y de dar testimonio. Quizás Jesús te llame a ti para, a través de ti, ayudar a otros a reconocer su verdad como ha llamado a lo largo de la historia, y sigue llamando, a tanta gente… ¿Te animas a hacerlo como dominic@?