Decimotercera estación del Vía Crucis - Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre

Decimotercera estación del Vía Crucis - Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre

Fr. Liberato Bee Bee Mayie
Fr. Liberato Bee Bee Mayie
Real Convento de Predicadores, Valencia

Vosotros, los que pasáis por el camino, mirad y ved si hay dolor como el dolor que me atormenta (Lm 1, 12)

La decimotercera estación del Vía Crucis nos sitúa en un momento de silencio: el cuerpo sin vida de Jesús es descendido de la cruz y puesto en manos de María. Los evangelios no narran explícitamente este acontecimiento; es una tradición católica. Nos encontramos en el tramo final de la Pasión, Jesús ha expirado en la cruz. Es el instante que se produce entre la muerte y la sepultura, un breve intervalo cargado de significado. Esta estación nos recuerda que, incluso en el dolor más profundo, hay un amor que trasciende la muerte.

José de Arimatea y Nicodemo, desclavan las manos y los pies del crucificado. Abajo, María espera, está rodeada por Juan y algunas mujeres, cuyos rostros muestran una mezcla de llanto contenido y agotamiento. Cuando el cuerpo de Jesús es descendido, los hombres lo entregan a los brazos de su Madre; ella lo recibe y lo sostiene con ternura. El ambiente es de despedida y de amor fiel.

descendimiento carducho

Al contemplar el cuerpo sin vida de Jesús, recordamos que su muerte fue el precio pagado por nuestra redención. María no es una mera espectadora en la Pasión, sino que aceptó libremente participar en el plan de salvación desde el momento de la anunciación. Al sostener el cuerpo sin vida de Jesús, María nos enseña a abrazar el dolor con fe y esperanza. Nos recuerda cómo confiar en Dios incluso en los momentos más oscuros.

En un mundo marcado por el sufrimiento, la injusticia y la incertidumbre, María nos ofrece un mensaje esperanzador: el dolor no tiene la última palabra. Todos en algún momento hemos experimentado un dolor o sufrimiento; son momentos de poca luz, momentos en los que nos cuestionamos, y en algunos casos, cuestionamos el obrar de Dios. No se puede evitar el dolor ni el sufrimiento, forman parte de nuestra humanidad, pero ser cristiano implica mirar mucho más allá del simple sentimiento. Muchas veces no encontramos explicaciones de lo que padecemos, o puede parecernos injusto pasar por alguna situación, pero de todo se puede aprender y en todo Dios nos puede hablar, basta con que mantengamos viva la esperanza y que creamos que Dios nunca nos deja solos.

Este gesto de María nos revela un mensaje: el amor verdadero no desaparece ante el sufrimiento, sino que permanece incluso cuando no podemos cambiar los hechos.