Una fe con una estructura sacramental

Una fe con una estructura sacramental

Fr. Jesús Nguema Ndong Bindang
Fr. Jesús Nguema Ndong Bindang
Convento de san Pablo y san Gregorio, Valladolid

Nos relacionamos con Dios sacramentalmente. Pueda que al lector le sorprenda esta afirmación. Pero es así… nuestra fe tiene una estructura sacramental, es decir, nos relacionamos con Dios a través de unas mediaciones. Y, ¿a qué se debe eso? Pues, se debe básicamente a la diferencia o distancia que hay entre Dios y el ser humano, entre el Creador y la criatura.

El ser humano, por su condición de criatura, no puede entablar una relación profunda y fructífera con su Creador de forma directa e inmediata, sino que necesita (al menos, mientras esté todavía en esta vida) de unas mediaciones y mediadores humanos que hagan posible este contacto entre Dios y él.

Ahora bien, siendo eso así, también le puede sorprender a nuestro lector que una palabra que envuelve por completo nuestra fe, como es el sacramento, no aparezca en la Biblia. Ciertamente, el vocablo sacramento no aparece, al menos explícitamente, en la Biblia, pero sí encontramos sus equivalentes tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

Como bien sabemos por el testimonio bíblico, Dios, a lo largo de la historia, se ha ido dando a conocer de distintas manaras y se ha ido relacionando con el pueblo de Israel a través de su palabra, de los patriarcas, los profetas, las fiestas, la circuncisión, los sacerdotes, el templo, la Iglesia, la fracción del pan, el bautismo…, y en la plenitud de los tiempos, en el mismo Verbo hecho carne y que habitó entre los hombres. Todas esas realidades, acciones, costumbres y personajes, pueden denominarse perfectamente sacramentos, en cuanto que fueron y son mediaciones de la gracia de Dios y puentes para establecer una relación íntima y un diálogo amoroso con Él.

Para profundizar un poco más sobre la palabra sacramento, cabe remitirnos también, aunque sea muy brevemente, al término neotestamentario mysterion, ya que de él deriva sacramento.

La actual acepción de la palabra sacramento se debe a los teólogos africanos.

 En el Nuevo Testamento, Pablo es, sin lugar a dudas el apóstol del mysterion. En numerosas cartas (2Tes 2,7; Col 2,2; 1Cor 2,7;4,1; Rom 11,25; 25, etc., etc.) Pablo utiliza esta palabra para referirse al plan salvífico de Dios que estaba oculto y se ha desvelado, se ha dado conocer en Jesucristo, y que se prolonga en la historia.   

La actual acepción de la palabra sacramento se debe a los teólogos africanos, quienes tradujeron la palabra griega mysterion (misterio) por la latina sacramentum (sacramento), e hicieron que ésta adquiriese gran importancia en el ámbito teológico. Fue Tertuliano quien, por ejemplo, aplicó por primera vez este término al bautismo; y a san Agustín debemos la conocida definición del sacramento como signo visible de una realidad invisible.   

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Los cristianos, en efecto, desde los albores de la Iglesia, han interpretado la relación entre Dios y el ser humano a partir de unas mediaciones, y en particular, a partir de Jesucristo, el hijo de Dios encarnado. Jesús, en cuanto Dios hecho hombre para los hombres, es el puente entre el cielo y la tierra, el punto de contacto entre Dios y el ser humano. Todas las mediaciones que nos ofrece la Iglesia para relacionarnos con Dios sólo adquieren sentido y significado en Jesucristo, el sacramento original. Jesús es, como dice san Pablo, el único mediador entre Dios y los hombres (cf.1Tim 2,5), y por eso ilumina el conjunto de la historia salvífica, es decir, el contacto de Dios con la humanidad.