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Sección: Frailes de hoy en día

Mi nombre es Guido José Torre Gannown, tengo treinta años y soy de san Pedro Sula (Honduras). Actualmente me encuentro viviendo mi año de noviciado en el convento de Santo Tomás de Aquino en Sevilla (España).
La fama, en su sentido básico, es expresión de la dignidad que todo hombre posee y nunca pierde; es también el edificio que la persona, como tal, va construyendo a lo largo del tiempo con su propio esfuerzo moral, profesional, etc.
Es oportuno rescatar el sentido genuino de la palabra patrocinio. El patrocinio de la Virgen María a la Orden no es una prebenda comercial: es una manifestación de la gracia; la única gracia que es Cristo, a quien predicamos.
Estas palabras de Cristo nos pueden servir de aliento: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre» (Jn 11,25-26)
La importancia del aspecto humano, la contemplación, el estudio y la versatilidad de la predicación dominicana son solo algunos de los elementos que, añadidos a mi interés original por la predicación, me motivan a continuar descubriendo el camino.
La vivencia de los ritos de manera online y la imposibilidad de recibir la comunión nos han permitido hacer mejor conciencia de que por el bautismo y la confirmación somos sagrarios y templos vivos del Espíritu.
Todos los santos son «héroes» y «genios», pero no todos los héroes y genios son «santos», por muy admirables que puedan resultarnos… Hace falta mucha valentía para tratar de pasar desapercibido a pesar de unas capacidades fuera de lo común.
«¡Calma, que siempre que llueve, escampa!». Era la expresión de mi difunta abuela en tiempos de dificultad; cuando todo parecía oscuro, sin salida y sin esperanza. Confiemos en Dios, que es el único que puede darnos una esperanza cierta y creíble.

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