«¿y usted nunca se ha planteado ser religioso?»: historia de una vocación

«¿y usted nunca se ha planteado ser religioso?»: historia de una vocación

Fr. Henry Arnulfo Cruz Martínez
Fr. Henry Arnulfo Cruz Martínez
Convento Sto. Tomás de Aquino, Sevilla

Mi nombre es Henry Arnulfo Cruz Martínez. Tengo treinta y un años, actualmente soy novicio en el convento Santo Tomás de Aquino en Sevilla, ciudad perteneciente a España, mi residencia actual. Nací en las faldas del llamado «cerro de Las Pavas» ubicado en la ciudad de Cojutepeque, en El Salvador. Me resulta muy apasionante hablar sobre mi camino vocacional, ya que todas aquellas experiencias previas a mi ingreso en la Orden de Predicadores aún palpitan fuertemente dentro de mí.

El trabajo que realizaban los seminaristas en mi parroquia encendía en mí una chispa de curiosidad.

Cuando tenía quince años pasaba por mi mente un cierto interés por la vida religiosa. Este primer momento no lo comenté ni lo compartí con nadie: era como un leve deseo hacia un estilo de vida. Nunca me planteé ser religioso, pero el trabajo que realizaban los seminaristas en mi parroquia encendía en mí una chispa de curiosidad. Durante mucho tiempo no presté importancia a esa curiosidad y me dediqué a estudiar y trabajar; siempre me gustó aprender algo nuevo.

 Pertenecí a la Renovación Carismática Católica donde estuve muy activo, ahí estuve en el grupo de predicación. A los veinticuatro años mi curiosidad hacia la vida religiosa no se apagó: al contrario, se hizo más grande. Fue entonces cuando decidí buscar información sobre las diferentes congregaciones que existían en El Salvador.

Buscando en distintos lugares, encontré la Orden de Predicadores: decidí pedir información, ya que lo asocié al ministerio de predicación que realicé en la RCC, mas no sabía que me estaba limitando a un solo estilo de predicación del abanico de posibilidades dentro de la Orden. Me presenté en la iglesia El Rosario, en el centro de San Salvador (capital de El Salvador), perteneciente a los frailes dominicos. Fue después de hablar con uno de los frailes cuando saqué la siguiente conclusión: este estilo de vida no es para mí, así que entonces decidí no buscar más; decidí seguir con mi vida normalmente.

«¿Y usted nunca se ha planteado ser religioso?»

Cuando tenía veintiséis años estudiaba en el Centro de Formación Profesional de Ciudadela Don Bosco en Soyapango (San Salvador): cursaba un Técnico en Mantenimiento Industrial y trabajaba en una empresa que me patrocinaba el estudio. Me sentía feliz de estar ahí, sentía que aquella carrera era mi verdadera vocación. Estando con los padres salesianos, me sentí atraído por el carisma de San Juan Bosco, pero de esta reflexión, acordándome también de los dominicos, saqué la siguiente conclusión: lo que pasó en aquel momento con los frailes dominicos no fue que no me gustara su estilo de vida, sino que no me sentía con la madurez necesaria para empezar un camino hacia la vida religiosa.

Más adelante hubo también otro signo. Luego de ayudar en un retiro de Semana Santa, un buen amigo mío que fue seminarista se me acercó y me preguntó: «Hermano Henry, ¿y usted nunca se ha planteado ser religioso?». Esta pregunta aún resuena en mi cabeza. Después de un gran diálogo con este amigo, le comenté que en algún momento tuve la intención de ingresar en la Orden de Predicadores. Este comentario encendió un debate, en el cual yo le mencionaba todas las dificultades y contrariedades de ingresar, y él lo contrarrestaba mencionando todo lo positivo que acarrea este estilo de vida. Creo que esta fue la semilla de mi vocación.

Ahora me encuentro feliz, con la vida llena de esperanza y con mi mirada firme en Cristo.

Luego de unos meses y meditándolo detenidamente, decido en pleno año del Jubileo 2016 empezar mi proceso vocacional. Al siguiente año empecé mi prenoviciado. Muchas cosas han cambiado dentro de mí: definitivamente no soy el mismo hombre que ingresó en la Orden. Todo esto se lo debo a Dios, a mi familia, que siempre me apoyó en mis decisiones, y a mi nueva familia dominicana, donde ahora me encuentro feliz, con la vida llena de esperanza y con mi mirada firme en Cristo.