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Sección: A la escucha

Jesús no hablaba de sí mismo, no hacía discursos de autodefensa. El centro de su vida y su misión eran su especial relación con el Padre y el anuncio del Reino de Dios. Jesús conoce nuestras vidas incluso mejor que nosotros mismos, y nos acepta y ama.
"Es una misión de cada uno de nosotros ser portadores de esa paz verdadera, llevar el mensaje de unidad entre todos. «Todos somos árboles de amor, y sin ser regados por el amor, no podemos vivir, porque Dios nos ha creado por amor» (santa Catalina)".
"Este día manifiesta de forma especialmente clara los dos polos del misterio pascual, síntesis de contrarios que el creyente experimenta habitualmente en su vida: tenemos aceptación, pero también rechazo; hay luces… y sombras; vida… y muerte".
"Dios no quiere que pequemos, porque sabe que el pecado nos afecta a nosotros mismos y daña nuestra vida y nuestro ser. Pero al mismo tiempo nos pide que, así como hemos sido perdonados, así también podamos ser dispensadores de nuestro propio perdón"
Este padre misericordioso de la parábola nunca se cansa de esperar que volvamos a él, desde nuestra fragilidad, errores, miserias. Dios no nos juzga, sino que nos abraza; llora de emoción y nos cuida porque nos ama con locura.
"Estas higueras cristianas, que somos cada uno de nosotros, están llamadas a dar frutos amorosos de hospitalidad, donde el cansado, agobiado, marginado, peregrino, el refugiado, el sinvoz y el diferente puedan recomponerse en la frescura de su sombra".
"La Transfiguración del Señor en el monte Tabor, más allá de ser una manifestación momentánea de la gloria de su divinidad, quiso ser como un anticipo de su propia Resurrecció".
"En este primer domingo del tiempo de Cuaresma, el mensaje central del evangelista Lucas es uno: Jesús, en el desierto, era guiado por el Espíritu Santo y fue tentado. Jesús fue tentado, pero nunca estuvo solo".

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