Vivir trinitariamente - SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Fr. Rodolfo Méndez
Fr. Rodolfo Méndez
Real Convento de Predicadores, Valencia
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Los últimos domingos han estado cargados de celebraciones especiales y esenciales para nuestra vida cristiana. En el contexto de la Pascua hemos celebrado la Solemnidad de la Ascensión del Señor y la Solemnidad de Pentecostés. Concluido este tiempo, nos sumergimos en la celebración de un gran misterio: la Solemnidad de la Santísima Trinidad, la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Desde niños –y otros ya adultos- hemos aprendido a hacer la señal de la cruz y llamar a Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo, en distintos momentos de la celebración eucarística y en nuestra cotidianidad. De esta forma, sencilla pero profunda, expresamos externamente el misterio de nuestra fe. Es un Dios personal, pero a la vez es uno y trino, revelado por Jesús. Su autorrevelación no es conceptual, lejana, fría e inaccesible, sino que es dinámica, próxima y presente. Esto nos posibilita relacionarnos en amor y en misión, como nos lo dice el evangelio de hoy.

Jesús promete el Espíritu y señala la misión del mismo cuando lo envíe después de su partida. Necesitamos el Espíritu de la verdad para conocer plenamente al Padre y a Jesús. Así como el Hijo glorifica al Padre, el Espíritu glorifica al Hijo y comunica a la Iglesia lo que recibe de él. Por tanto, toda nuestra vida cristiana es enteramente trinitaria y consiste en caminar hacia el Padre por medio de Cristo que es «camino, verdad y vida» (Jn 14,6) de la mano del Espíritu.

Aunque descubrimos la actuación de la Trinidad de forma diferente, sabemos que su núcleo es ser una comunidad de amor, donde no están separados, sino que se manifiestan como único Dios verdadero. Obran juntos, y en esto radica la grandeza del misterio, pues ninguno pierde su identidad. Por esta razón, también nosotros, a ejemplo de la Trinidad, estamos llamados a vivir trinitariamente. Esto significa: vivir a su imagen, abiertos a los demás, en comunidad, sin tener miedo de perder nuestra identidad, siendo fraternos, tolerantes y practicando el diálogo en todo momento.

En nuestra sociedad también estamos llamados a vivir juntos y actuar juntos. Un requisito esencial para que todo avance y se solidifique es el trabajo en equipo, en continuidad de una acción con otra, sincera y coherente, donde todos y cada uno pongamos de nuestra parte y nos preocupemos por el bien del otro. Nuestro mundo estaría mejor si practicáramos esta verdad, si realmente todos aceptáramos la misión y la compañía que hemos escuchado en el Evangelio.

Vivir a imagen de la trinidad en nuestra sociedad es cuando no hay discriminación y cuando se respetan los derechos de todos, en dignidad y liberación integral del ser humano. O en nuestras familias, núcleo de la sociedad: se vive juntos pero cada quien tiene su función, con respeto y fraternidad, en plenitud cuando todos estamos reunidos y unidos, cuando aprendemos a escuchar al otro, como acto de amor, y respetamos las ideas de cada uno. En cualquier campo y actividad humana, mientras sirvamos al bien, la verdad, el amor y la justicia, guiados Espíritu de Dios, conscientes de ser hijos de Dios, hermanos de Jesús, estamos viviendo trinitariamente. Que podamos elevar nuestra mirada a la Trinidad y tomar de su amor un ejemplo para nuestro vivir cotidiano.