San Pedro Mártir

San Pedro Mártir

Fr. Vito Tomás Gómez García
Fr. Vito Tomás Gómez García
Convento de Santo Domingo-El Vedat, Torrent

San Pedro fe Verona es el primer gran mártir de la Orden de Predicadores y uno de los primeros modelos de santidad dominicana de la primera generación posterior a Santo Domingo.

La canonización de san Pedro mártir de Verona ha sido una de las más rápidas de la historia de la Iglesia. A sólo once meses de su muerte fue incluido en el catálogo de los santos por el papa Inocencio IV. Fue constante en la lucha contra la herejía, entregado a la predicación, ministerio de las confesiones, y a refutar la doctrina cátara con sólidos argumentos.

Pedro nació en 1206, año en que comenzaba Santo Domingo la predicación en medio del mundo «cátaro» en el sur de la Francia actual. Nacido en el seno de una familia que se encontraba bajo la influencia de las ideas cátaras que se habían expandido por el norte de Italia, se convirtió al catolicismo siendo aún un niño.  Realizó estudios en la universidad de Bolonia y tuvo allí particular oportunidad de conocer la Orden fundada recientemente por Santo Domingo. De hecho, muy joven, se decidió a ingresar, y lo hizo antes de agosto de 1221 en que falleció el santo fundador. Pedro se preparó en el convento de Bolonia ayudado por los hermanos de la primera generación. Tuvo el privilegio de escuchar de labios de Santo Domingo el «mejor sermón de su vida», algo que lo motivó a seguir en todo el ejemplo de Domingo.

Apostolado y muerte

Una vez recibido el sacerdocio comenzó a predicar por la zona de Milán y Venecia. En esa época fundó las llamadas «Sociedades de Fe» y «Cofradías de María» que, desde el convento de Milán (1234), se difundieron por otros conventos dominicanos. A Pedro se le confiaron misiones de paz y fue prior en diversas comunidades dominicanas.

«A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás». (Sal 31,6)

Los grupos heréticos decretaron pronto su muerte, algo que él mismo pronosticó él en Milán en el domingo de Ramos de 1252. Pocos días después, camino desde Como a Milán para celebrar la octava de Pascua, fue sorprendido por dos encargados de darle muerte. Uno de ellos, Albertino de Porro, huyó atemorizado sin realizar su hazaña. Pero el otro, de nombre Carino, descargó un golpe con su alfanje curvo sobre la cabeza de Pedro, que cayó en tierra mientras decía: «A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu». Murió apuñalado mientras recitaba el Credo. Carino eventualmente confesó su pecado y pidió incluso la entrada en la Orden de Predicadores, donde vivió dedicado a la oración y penitencia.

El cuerpo de nuestro Mártir fue colocado en la iglesia dominicana de San Eustorgio de Milán. Su devoción fue difundiéndose a medida que se extendía la Orden Dominicana, llegando a extenderse su culto por numerosos países de Europa.