Testimonio vocacional de Fr. Santiago Zárate

Testimonio vocacional de Fr. Santiago Zárate

Fr. Santiago Zárate
Fr. Santiago Zárate
Convento de Sto. Tomás de Aquino, Sevilla

Con el sacramento de la confirmación empecé a participar, de forma activa, en las actividades de la parroquia de mi ciudad (Luque, Paraguay). Con esta experiencia de fe me comprometí a algo más que participar en la misa de los domingos, como hacía. Tenía que dar pasos concretos para afianzar y consolidar mi fe. Para ello me integré en el Club de Retiristas, un grupo juvenil misionero con una proyección social de evangelización en zonas desfavorecidas de la ciudad.

Sentía un impulso, algo inusual, que me pedía una respuesta.


Con este grupo, la vida comunitaria se me presentó como una posibilidad de opción de vida, pero ¿cómo hacerla posible? Era una locura. Entre charlas, encuentros y retiros, me invadían fuertes sentimientos de búsqueda y cuestionamientos sobre la vida de Jesús y el rumbo de mi vida. Sentía un impulso, algo inusual, que me pedía una respuesta, pero era demasiado joven para saber entenderlo. No podía «perder el tiempo» buscando una felicidad insegura —me decía por dentro—. En realidad, lo que estaba haciendo era escapar de todo aquello que sentía y, quizá, de Dios y de mí mismo.
Sobresalía en los estudios y quería una carrera que «me hiciera feliz» —comercialmente hablando—, y estaba decidido a alcanzar esa meta, que era «lo más importante». Fue entonces cuando empecé a estudiar la carrera de Control de Tránsito Aéreo. El controlador es para el piloto un pilar sin el cual no realiza su trabajo con eficacia. Sus instrucciones, por radiocomunicación, son fundamentales en todas las fases del vuelo: más en situaciones de emergencia, en las que ambos deben actuar con rigor y rapidez; su compenetración debe ser máxima, con el objetivo de garantizar la seguridad operacional. Nuestra relación con Dios podría tener una dinámica similar.

¿Quién es el controlador de mi vida?


En este proceso, una frecuencia hacía interferencia en mi vida; regresaba y era cada vez más constante e intensa. No solo me llegaba hasta los oídos, sino también hasta lo íntimo del corazón… y me superaba. Era mucho más que una simple voz al otro lado de la frecuencia. Me seducía, y con ella también escuchaba los latidos del mundo, sus gritos clamando por un mundo más justo, libre, pacífico... Me preguntaba: «¿Quién es el controlador de mi vida?».

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El desorientado era yo: las instrucciones me resultaban legibles, pero ¿qué hacer?, ¿vale la pena?, ¿y «mis planes»?... Experimentaba una fase de incertidumbre: no quería tomar una decisión prematura, necesitaba tranquilidad. Fue entonces, con una publicación de Facebook, cuando la Orden de Predicadores aparece con una propuesta: las «Redes Vocacionales», actividad animada por la Familia Dominicana en Paraguay. El espacio de fraternidad, entre hermanas, laicos y frailes, fue para mí reflejo de la comunidad creyente y confirmación de la belleza de la vida consagrada. Estos elementos motivaron mis deseos de formar parte del proyecto de santo Domingo de Guzmán: la predicación y la salvación de las almas. Atraído por este carisma, que es fuente inagotable de experiencia cristiana, inicié el prenoviciado en 2018, con 21 años.


Hoy me encuentro culminando el noviciado en Sevilla (España): experiencia que no se describe, se siente y se vive desde el corazón. Aquí todos los elementos de la vida dominicana los encarno, en rostros y experiencias humanizantes. Puedo afirmar que es posible la vivencia de la fraternidad que, naciendo del interior y emergiendo al exterior, se hace pasión por la verdad «Cristo» y pasión por la humanidad «misericordia».


Tengo un cúmulo de sensaciones. Me siento en manos Dios, bajo su control tierno y seguro. Con él se abre una nueva perspectiva, un camino que se proyecta en el horizonte, con los hermanos. Es momento de surcar los cielos y buscar la felicidad en esta opción de vida que recién empieza…