Tomás de Aquino y La Evangelii Gaudium

Fr. Vicente Botella Cubells
Fr. Vicente Botella Cubells
Real Convento de Predicadores, Valencia


   Con frecuencia, los dominicos, que amamos a Santo Tomás de Aquino, nos preguntamos sobre la actualidad de su pensamiento. Es normal. Todo pensamiento se sitúa en un tiempo y el que nos toca vivir está bastante distanciado del de nuestro santo. En este contexto, es sorprendente que quien desee hallar un ejemplo muy claro de la actualidad de la reflexión del Aquinate lo encuentre precisamente en la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium (EG) del papa Francisco.

   Francisco se inspira 18 veces en Santo Tomás en la EG. Es el autor más citado, dejando de lado el magisterio de Juan Pablo II, Pablo VI, Benedicto XVI y el Vaticano II. Da la impresión de ser, para la ocasión, el teólogo de cabecera del Papa; sobre todo, en su obra la Suma de Teología. Con todo, conviene precisar o matizar el significado de esta inspiración. Francisco no sigue de un modo literal o inmediato el pensamiento desarrollado de nuestro dominico. El empleo que de él hace es mucho más sutil e interesante porque se fija en las intuiciones de fondo, en los grandes principios del maestro Tomás. Por esta vía es capaz de mostrar cómo son capaces de iluminar todavía nuestros pasos aunque, luego, estos pasos en su prolongación no avancen en una dirección coincidente con la de nuestro santo.

  Repasando los momentos en los que Francisco recurre a Santo Tomás para fundamentar su discurso se confirma esta apreciación. Entre esos momentos escogidos se aprecia la confianza en la operatividad de algunas claves sobre los que pivota la monumental obra del santo dominico: la distinción entre lo principal y lo secundario, el ritmo gradual de la adquisición de las capacidades creyentes y morales, una visión comunional de la fe sostenida por la figura de la unidad en la diversidad, la llamada al entendimiento entre la razón y la fe, la coherencia, la capacidad de síntesis…Nosotros vamos a fijarnos sólo en tres de estos momentos.

 a)Determinar lo fundamental
Lo primero que se detecta leyendo la EG es que, cuando el Papa acude a nuestro autor, está casi siempre interesado en determinar lo fundamental sobre el tema que está abordando, con la intención de que lo secundario no esconda, ni trabe, el núcleo de la cuestión concernida. Así queda reflejado en la Exhortación cuando recuerda el Papa que el corazón del Evangelio ha de ser la vanguardia de la proclamación del mensaje por parte de la Iglesia (nn.34-36). En el desarrollo de la tarea evangelizadora, pues, ha de haber una ley de gradualidad y proporcionalidad coherente con el fundamento de la fe. También en lo que toca a materia moral (n. 37). Aquí es cuando, específicamente, Francisco recurre al auxilio del Aquinate. Santo Tomás es igualmente citado para justificar el argumento papal en torno al necesario discernimiento de costumbres y normas eclesiales que, significativas en otros tiempos, hoy han dejado de serlo. Ese discernimiento ha de facilitar una revisión y un cambio que conduzca a quedarse con lo esencial y significativo (n.43). El contacto con lo nuclear, en suma, ordena y simplifica las cosas según la ley de la gradualidad y la progresividad. Por esto mismo, esta ley ha de ser tenida en cuenta no sólo a la hora de la comprensión de la fe o en su transmisión, sino también en la implementación concreta de los procesos de crecimiento creyente. En este último caso, la gradualidad supondrá la acomodación a ritmos pautados en el tiempo en los que la paciencia habrá de estar muy presente (n.171).

b)Lo uno y lo múltiple
Según Francisco, el estilo ordenado, cabal y consecuente de Santo Tomás se muestra también vigente a la hora de arbitrar las relaciones entre lo uno y lo múltiple en el terreno de la fe. Se trata de una cuestión compleja, fuente de malentendidos y tensiones y que, además, tiene muchos aspectos y expresiones. De alguna manera, la correcta comprensión de este binomio conecta con la determinación de lo principal y lo secundario y, lógicamente, con la ponderación pertinente del conjunto de la fe. El asunto aparece en la Exhortación de la mano de los límites humanos a la hora de la captación y expresión de la profundidad del misterio de la fe a transmitir. El carácter encarnado del Evangelio acarrea consigo la distancia entre el contenido y su expresión y, como consecuencia, la posibilidad de una variedad de propuestas teológicas, ligadas al tiempo y a las culturas. Esta diversidad, afirma el Papa, lejos de ser un obstáculo es la prueba de la riqueza insondable del Evangelio. Esta diversidad, además, es armonizable gracias al único Espíritu y puede permitir la conquista de nuevas perspectivas y desarrollos de la fe (n.40). Consecuentemente, el Pontífice se muestra contrario a pensamientos y doctrinas monocordes y monolíticas. El Aquinate ayuda a Francisco a explicar esta visión comunional de la verdad cristiana, tanto en lo referente a la comprensión de la fe como a su inculturación misionera en nuevos contextos (cf. 40 y 117).

c) El diálogo
Este es el tercer y último ámbito de actualidad del pensamiento del Angélico en la Exhortación apostólica que vamos a comentar. Francisco lo evoca en el cuarto capítulo de la EG como un elemento creador de paz social. Nos dice que el diálogo de la Iglesia, en su función humanizadora y generadora del bien común, ha de contemplar hoy tres terrenos (n. 238). Uno de ellos es el de la razón y la fe (ciencia/fe). En esta vertiente dialógica el pensamiento del Aquinate se sigue mostrando pertinente. Él, como sabemos, sostenía que no es posible la contradicción entre una verdad de razón y otra de fe porque ambas proceden de una misma fuente (Dios). Tema, lo sabemos, de una rabiosa actualidad en sus prolongaciones, por ejemplo, en el debate fe/ciencia.