Prulla, un lugar dominicano

Prulla, un lugar dominicano

Fr. Julián Ramón de Cos Pérez de Camino
Fr. Julián Ramón de Cos Pérez de Camino
Real Convento de Predicadores, Valencia

Sí, los primeros predicadores de la Orden fueron unas hermanas contemplativas. Parece raro, pero fue así. Y además, una buena parte de ellas acababan de ser convertidas del catarismo por santo Domingo. Pero el origen de Prulla nos lleva a una pregunta importante: ¿Por qué santo Domingo no envió a estas mujeres a un lejano monasterio cisterciense? Ciertamente, eso era lo más lógico. Todos los predicadores enviados por el Papa para predicar contra el catarismo en el Languedoc eran monjes cistercienses, a excepción de santo Domingo y su Obispo, Diego de Acebes. Por otra parte, si no se alejaba a las recién convertidas, los cátaros podían fácilmente tomar represalias contra ellas. Y, sobre todo, enviarlas a otro monasterio le hubiera evitado complicarse la vida con la fundación y el mantenimiento de una comunidad contemplativa.


Pero santo Domingo prefirió ver el lado positivo: podía establecer una comunidad católica en plena zona cátara, y además con hermanas convertidas. Y la situó en medio de tres importantes condados: Tolosa, Carcasona y Foix, y en el principal cruce de caminos de la zona, a la vista de todos: ¿puede haber mejor publicidad?, es decir, ¿puede predicarse mejor el Evangelio?


En efecto, en la encrucijada de Prulla las hermanas afrontaron los peligros y formaron una comunidad que predicaba (y predica) de la mejor manera posible: dando testimonio del Reino de Dios con su forma vida. Y, además, ofrecían (y ofrecen) una indispensable ayuda física y espiritual a los predicadores católicos, pues su monasterio estaba muy bien situado.


Esos son los orígenes, ciertamente heroicos, de las hermanas dominicas (y de la Orden de Predicadores). Pero, cuando se habla de Prulla también hay que hablar del presente, pues ahora es una floreciente comunidad internacional. Debido a su constante evolución, es difícil decir cuántas hermanas la forman, pero, en números redondos, son unas 35.


Lo que más llama la atención de la comunidad internacional de Prulla es su gran pluralidad. Hay hermanas de razas y culturas muy diferentes, de edades también muy distintas y con capacidades o cualidades a cual más dispar. Por decir unas cuantas, hay hortelanas, pintoras, floristas, costureras, músicas, expertas en medicina natural, varias tienen carreras universitarias y otras están estudiando Teología. También las hay que estudian dominicanismo, pues, obviamente, este es un buen lugar para investigar nuestra historia y espiritualidad. Y es que, además, el estudio es muy importante en Prulla.


En toda esta gran variedad y pluralidad reina un bonito ambiente de unidad. Se nota que son una comunidad bastante bien integrada. Hay afecto, respeto y alegría. Verdaderamente son un signo del Reino de Dios. Todas juntas comparten el camino del Evangelio. Puede experimentarse claramente la acción unificadora del Espíritu Santo.


Donde se nota mucho la internacionalidad es en la liturgia. Aunque para facilitar las cosas casi todo es en francés, los acentos de los que participamos en ella son muy diferentes. Hay días en los que ninguna lectura es leída por una francesa (o francés). Pero todos juntos, cada uno a nuestro modo, juntamos nuestras voces y nuestros corazones para alabar y bendecir al Señor.


Prulla es el resultado de la gran internacionalidad de la Orden dominicana. Y de su gran vocación contemplativa y predicadora. En medio del bello Languedoc esta comunidad de dominicas nos espera con los brazos abiertos para compartir su oración y su predicación.