Solo mirar a Cristo desde la cruz nos devolverá la vida, nos desintoxicará del veneno de la ingratitud y del desamor.
En el momento cumbre de su entrega, Jesús se queda con lo verdaderamente humano.
En la tercera caída de Jesús vemos cómo Dios desciende hasta el lugar donde el ser humano se siente más frágil, más humillado y derrotado
Mirar dentro nos ayuda a reconocer el dolor ajeno y a abrirnos sinceramente a los demás.
La caída hace humano a Jesús.
Ver el rostro de Dios como una realidad que se ilumina en la carne sufriente
Jesús acepta ser ayudado por un extraño, consciente de que debía llegar hasta el final de su misión.
La fe de María no elimina el dolor, pero le da sentido
El maestro se identifica con nosotros en nuestra debilidad y fragilidad.
Jesús también sintió el peso, el miedo, la incertidumbre y, aun así, dio el paso.
