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Domingo quiso morir enterrado bajo los pies de sus frailes. No quiso un gran sepulcro o un culto a su personalidad. Al contrario, lo importante para él fue la misión común de predicar el Evangelio, como hermanos y con alegría.
El santo que « sólo hablaba con Dios o de Dios » poco habló de sí mismo y por ello, poco se sabe de él de primera mano. Si Domingo viviera en estos tiempos donde es común tener un perfil de Facebook o Instagram, los tendría privados y poco postearía.

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