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A raíz de la fiesta de Santa Catalina de Siena, en este artículo ofrecemos la segunda parte de una motivadora catequesis del Papa emérito Benedicto XVI, pronunciada en la audiencia general del miércoles 24 de noviembre de 2010 en la Sala Pablo VI.
A raíz de la fiesta de Santa Catalina de Siena, en este artículo ofrecemos la primera parte de una motivadora catequesis del Papa emérito Benedicto XVI, pronunciada en la audiencia general del miércoles 24 de noviembre de 2010 en la Sala Pablo VI.
Venimos del deseo y hacia el deseo vamos: hemos nacido gracias al deseo de nuestros padres y, en última instancia, del mismo Creador. Ahora bien, nuestros deseos deben ser purificados en el día a día. El bien más apetecible de todos es ser feliz para siempre.
El deseo es algo innato al ser humano: estamos constantemente deseando cosas. Alguno dirá que no necesita hablar de estos temas, porque ya es «feliz». ¿De verdad esto es así? ¿Dónde está la clave para entender la dinámica de nuestros apetitos?
Bendecir también significa desear a alguien un bien ilimitado, un bien sin reservas e incondicional. Es pronunciar palabras eficaces y perfomativas deseando el bien desde nuestras entrañas. Bendecir significa venerar, sentir un profundo respeto hacia el otro.
El Adviento nos llama a estar vigilantes en la fe y en la oración para que sepamos discernir los signos de la venida del Señor. Vaciarnos de nosotros mismos y tener un corazón pobre como San José para poder albergar al Salvador de nuestra historia.
El Evangelio de estos domingos nos puede ayudar a comprender este título que acompaña a santo Domingo: predicador de la gracia. Se trata de la continuación del bello capítulo sexto de Juan: el discurso del pan de vida.

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