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Nuestro joven se justificaría diciendo que consumir ese material está a la misma altura que un capricho en McDonald’s. Sin embargo, el Aquinate le acompañaría a la cena para desmontarle su sofisma.
Cuando el Papa Benedicto XVI se refirió a santo Domingo de Guzmán lo hizo con una admiración singular. Por un lado, tenemos que resaltar la novedad de Domingo. Por otro lado, cabe mencionar su singularidad, única e irrepetible. Hoy es Domingo; mañana también.
Domingo quiso morir enterrado bajo los pies de sus frailes. No quiso un gran sepulcro o un culto a su personalidad. Al contrario, lo importante para él fue la misión común de predicar el Evangelio, como hermanos y con alegría.

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