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A pesar de un mundo complejo como el de hoy, con muchas ofertas y posibilidades, Dios sigue llamando, que no es para sorprenderse. Lo llamativo es que sí: contrario a lo que se podría pensar, hay jóvenes que responden a ese llamado, y con mucha convicción.
Somos conscientes de que la plenitud del Reino nos será dada por Cristo mismo. Tal plenitud es una realidad futura, puesto que, para Jesús, la realización completa del Reino de Dios se tendrá solamente al final de los tiempos.
Sin amor la vida termina en el abismo. El amor da sentido a la vida y es el sentido de la vida. Toda nuestra vida vale en proporción al amor que encontramos o damos en ella. «Ama y haz lo que quieras», diría san Agustín.
No hay vida sin relación, al menos vida con sentido. Entre los muchos placeres que buscamos, deseamos tener unas relaciones interpersonales sanas, que nos permitan el encuentro y la libertad, la apertura y la confianza, nuestro crecimiento humano y espiritual.
«Y vosotros ¿quién decís que soy?». Nuestra respuesta puede variar según nuestra experiencia con él: puede ser como la de la gente, la de los maestros de la ley o la de Pedro: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

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