Fiesta de la Sagrada Famila

Fr. Jesús Molongua Bayi
Fr. Jesús Molongua Bayi
Malabo, Guinea Ecuatorial
A la escucha no hay comentarios

Domingo primero de Navidad/Fiesta de la Sagrada Familia

Un día después de la Natividad del Señor, la liturgia nos presenta la fiesta de la Sagrada Familia. A principios de los años veinte del siglo pasado, en la liturgia se instauró esta fiesta con el propósito de animar a las familias cristianas a poder vivir y desarrollar en el seno familiar los valores de la vida y de la educación de los hijos en el amor de Dios, tomando como modelo la familia de Nazaret. Por eso, las lecturas de hoy insisten sobre el sentido del amor a los parientes y a nosotros mismos; sin olvidar los momentos de dificultad que aquello puede entrañar.

El texto del Si 3, 2-6.12-14 refleja un contexto patriarcal, en cuyo seno, es el padre quien tiene la autoridad de aconsejar a sus hijos para que éstos sean honrados y tener una vida duradera en la tierra. Es el deber de los hijos obedecer y honrar a sus progenitores. Y eso no por simple formalismo, sino más bien, como actitud de vida. Sin embargo, el Si 3, 2-6.12-14 no hace ninguna referencia de la responsabilidad de los padres hacia sus hijos. La lectura de Col. 3, 12-21 vendrá a colmar esa laguna haciendo hincapié en la responsabilidad de ambas partes.

La lección que podemos sacar de las lecturas de hoy es, sobre todo, la insistencia en el buen entendimiento entre ambas generaciones: padres e hijos. Es una condición indispensable para el buen funcionamiento de la familia y de la sociedad. Y esa idea dice una gran verdad. Es decir, para que una familia o una sociedad sobreviva y tenga futuro es imprescindible la armonía de ambas generaciones. Por esa razón es conveniente hacer las siguientes preguntas: ¿Qué relaciones tenemos hoy en día, en nuestras diferentes familias, sociedades, culturas etc. con respecto a nuestros padres, hermanos o amigos? ¿serán relaciones de intereses o simplemente expresamos lo estético que hay en nosotros para que nos vean lucir bien?


La fiesta de hoy, por otra parte, obliga hacernos otra pregunta: ¿cuál es el sentido de la familia? Sobre ello nos habla Mt 2, 13-15.19-23: la familia encuentra su sentido cuando está orientada hacia Dios. Es la participación del hombre y de la mujer en el proyecto de Dios; cuando se fundamenta en su relación con ese Dios de la vida, de la libertad y de la liberación de los más perseguidos y oprimidos de nuestro mundo. La familia es un lugar de crecimiento de la propia vida y de la de los demás. Por eso Mt presentará, a través de su relato, cómo Jesús, el Mesías, necesitó de una familia para realizar su proyecto de salvación. Un proyecto que viene marcado de un éxodo de la vida del propio Jesús, recorriendo desde su infancia todos los lugares que, simbólicamente, recorrió el pueblo hebreo. Mt quiere con ello, inscribir y narrar la historia de Jesús dentro de la historia del mencionado pueblo. De ahí la cita que hace del profeta Oseas: “Llamé a mi hijo para que saliera de Egipto”. En fin, Jesús toma del ser humano su realidad familiar y asume de igual modo la influencia familiar a la cual pertenece.


Según lo que se desprende del texto de Mt, Jesús pertenece a una familia de inmigrantes. Pero en realidad, Jesús viene a fundar una nueva familia: la familia de los hijos de Dios. Eso es “el realismo de la Encarnación”. Jesús viene a encarnarse en una familia para trasformarla en una familia según el Espíritu. Es esa la realidad de la Encarnación: la carne en sí no basta si no se expresa en el amor (espíritu). Con esto vemos que los intereses mundanos que invaden la vida de muchas familias en nuestras sociedades no sirven hoy para fundamentar su sentido. Así pues, el Señor nos llama a salir de nuestros intereses personales para superar las desigualdades. Ya que Jesús se identifica con su pueblo para encontrar la tierra de la libertad. De ahí que nuestra propia vida sea un éxodo en el cual Dios nos está diciendo algo. Además, como en Jesús se cumple la profecía de Oseas de liberar de la opresión al pueblo marginado, así la familia no ha de ser un coto cerrado, sino más bien un signo del amor de Dios para el mundo. Y la vida religiosa es un reflejo de lo que debería ser la familia en la sociedad: el amor de unos a otros. Es decir, lo fundamental en la familia son las relaciones fraternas, en el amor, no en lo material.