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Tenemos que relacionarnos con nuestros hermanos desde el amor, el perdón, la confianza pero aceptando que, igual que nosotros, ellos también tienen sus debilidades y flaquezas. No podemos exigir del hermano las categorías divinas, pues este no es Dios.
Santo Tomás y otros muchos autores están convencidos de que solo así es posible ir forjando una auténtica relación de amor verdadero. Y es que, por ser un don de Dios, la amistad bien vivida se convierte en algo maravilloso.
La misión de Jesús no será una obra meramente humana: un emprendimiento ético, político o social. Su misión es mucho más importante y duradera: revelarnos el proyecto de Dios para la humanidad, en el que nos acoge con misericordia a todos nosotros y que es lib

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