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El encargo de la misión nace de la experiencia del resucitado, se sostiene en el don del Espíritu Santo, es acompañado de comenzar a vivir ya como resucitados, y sobre todo, es el envío a llevar al mundo entero la alegre noticia de que los hombres y mujeres de
El resucitado nos enseña que también nosotros, si creemos, podemos resucitar de la muerte a la vida y podemos andar nuestro camino, no ya en penitencia y en conversión, sino en la alegría de la nueva vida.
El que promete se adelanta al tiempo de modo libre, asume que el tiempo podrá cambiar las circunstancias, pero que la lucidez que tenía cuando asumió su compromiso no cambiará. El que es fiel se compromete a cumplir la promesa hecha, a pesar de los cambios que

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