Toda la vida predicadora de San Vicente parte del encuentro personal con Jesucristo, y de una fe profunda en Dios, que le incitará a predicar, no por propia iniciativa, ni para gloriarse de su persona o retórica
El cristiano debe ser portador de paz y perdón en medio de un mundo herido por la guerra y el rencor.
Solo quien verdaderamente dudó o mismo negó alguna vez su fe puede creer con todas las fuerzas, sin temer. Con Pedro fue así. El anuncia que todo lo que ha hecho y enseñado Jesús, desde el bautismo en el río Jordán hasta la ascensión, es anuncio de salvación.
El fraile predicador porque está en el mundo y ama al mundo, comprende la necesidad de una vida interior para hablar con Dios de los demás y a los demás hablar de Dios.
El fruto de la Pasión es como fuente de la pasión, donde se mira cada momento de la pasión es como un pozo que conecta la fuente de la vida.
Un mes cargado de emociones, sol, lluvia, barro, polvo pero siempre estaban presentes, con una sonrisa y con ánimos con ganas de seguir aprendiendo lo poquito que los monitores les enseñaban.
Las reservas, intereses personales, la mediocridad, medias tintas, llevan sin lugar a dudas que el grano de trigo se ahogue entre terreno pedregoso.
Por ello, acoger la luz que nos regala el Señor, es abrirnos a la posibilidad de ver con transparencia el corazón humano y actuar con misericordia.
Nuestra relación con Dios y los demás no debe ser una compra y venta. Para
tener un templo limpio necesitamos de la ayuda de Dios y de los hermanos.
Puede que el miedo a avanzar y a asumir las consecuencias del camino de la cruz nos paralice y por ello pidamos, como Pedro, hacer “tres tiendas” y quedarnos en lo aparentemente bueno sin enfrentar la realidad.
