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La característica fundamental de cada persona divina es ser para la otra, por la otra, con la otra y en la otra. Cada persona viva se vivifica eternamente vivificando a las otras y participando de la vida de las otras.
El impulso compasivo a la hora de obrar se forja en el interior del corazón: el hombre bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien [...] porque de lo que rebosa el corazón habla la boca (Lc 6,46).
La formación en la vida dominicana es un camino que tiene distintos protagonistas, todos necesarios. El más importante es Dios mismo, que llama al estudiante a una vida y misión de predicador al estilo de Domingo.

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