La característica fundamental de cada persona divina es ser para la otra, por la otra, con la otra y en la otra. Cada persona viva se vivifica eternamente vivificando a las otras y participando de la vida de las otras.
El impulso compasivo a la hora de obrar se forja en el interior del corazón: el hombre bueno, de la bondad que atesora en el corazón saca el bien [...] porque de lo que rebosa el corazón habla la boca (Lc 6,46).
El espíritu poderoso de Dios está irrumpiendo en el mundo para unir a la nueva humanidad dividida en una nueva comunidad, donde no haya distinción de lengua, pueblo, raza…
Actuando con buena fe y buena voluntad podremos convertirnos en discípulos de Jesús, pero es cierto que hacer el bien como Jesús tiene sus consecuencias: “Os perseguirán en mi nombre”.
“Tenemos muchos motivos para pensar que la Virgen María es Patrona especial de nuestra Orden, apoyándonos en hechos ciertos acaecidos en los primeros tiempos".
El amaos unos a otros implica, entre otras cosas, gestionar obras que vayan en favor de la dignidad humana.
La formación en la vida dominicana es un camino que tiene distintos protagonistas, todos necesarios. El más importante es Dios mismo, que llama al estudiante a una vida y misión de predicador al estilo de Domingo.
Toda nuestra vida tiene sentido porque Dios nos amó por primero, nuestra historia es la historia de amor de Dios por nosotros. Amar es el acto humano que más nos asemeja a Dios.
El descubrimiento de la propia vocación como un servicio a los demás, como un modo de contribuir a su felicidad y a que otros descubran la belleza del Evangelio y su fuerza salvadora.
Hoy en día, igual que siempre, se necesitan testigos que hablen de Jesús resucitado. Y que hablen de Él, no de una manera teórica, sino desde la experiencia personal que se tiene de Él.
