El perdón de Dios debe convertirnos en personas capaces de perdonar y de descubrir la misericordia de Dios
Lo revolucionario es el perdón. Porque subvierte el orden de la rectitud introduciendo en este mundo el orden de la misericordia. Porque muestra la grandeza de los que son tenidos por débiles para el mundo, los que han sido humillados y olvidan, sin embargo, y
El Señor quiere que nos convirtamos a Él. Quiere encontrarse con nosotros. Quiere que le sigamos, e insiste tanto en ello porque nos ama y quiere nuestro bien.
La cuaresma es un buen tiempo para que nos preguntemos quién es Jesús para nosotros.
Jesús en el desierto tiene que enfrentarse a aquello que le haría no recorrer su camino para ser quien es.
Los milagros son signos del reinado de Dios, son signos de que Dios está hablando y actuando en medio de su pueblo con la presencia, palabra y actuación de Jesús; es acontecer de Dios en el actuar de Jesús.
Jesús no se muestra a aquellos a los que “debía” mostrarse. Se muestra a aquellos que tienen necesidad de Él: a los ciegos, encarcelados, oprimidos, etc. Ésa es la situación propicia para que “acción” y “palabra” puedan proclamar la Fe en Jesús.
Solo sabemos que los Magos se pusieron en camino para acudir al lugar señalado; es decir, para que se produzca el encuentro, hay que salir de nuestros estrechos límites, de nuestras seguridades, de nuestras instalaciones, tanto materiales como espirituales.
A los primeros cristianos lo que les importaba era que Dios se había encarnado, hecho hombre para ellos y para el mundo: se había hecho realidad.
Así va finalizando el Adviento, y a través de este tiempo litúrgico la Iglesia nos ha dicho sólo una cosa: ¡viene el Salvador!
