La Navidad enseña a buscar a Dios no en manifestaciones de poder y coerción, sino en un niño necesitado y lloroso cuyo nacimiento es anunciado con la mayor alegría a unos pastores pobres.
Y no basta una sonrisa improvisada o diplomática, ni tampoco una confesión superficial, para decir que estamos alegres… ¿Estamos alegres? ¿Podemos sentirlo de veras, sin parecer hipócritas?
En este segundo domingo de Adviento, recordamos la noticia de que Dios viene hasta nosotros para caminar por este trayecto terreno y para acogernos al final de nuestra vida en sus manos amorosas.
Si, como dominicos, en la palabra tenemos nuestra esperanza y nuestro oficio, en nuestra vocación habrá siempre algo poético.
¡Alcemos la cabeza!, ¡empapémonos de esperanza!, y ¡contagiémosla a los demás!
El pasado y el presente de la casa natalicia de San Vicente Ferrer está marcado por el testinomio de los frailes al servicio de la Palabra.
Cristo nos pide que ya ahora le dejemos reinar en nuestro corazón
Es fácil experimentar desilusión ante los sufrimientos contemporáneos: los parados sin trabajo, los inmigrantes, los refugiados...¿Cuál es nuestra actitud ante estas situaciones? ¿Las vivimos como espectadores o somos protagonistas?
Junto a la pila bautismal de Santo Domingo se inició el Jubileo 800 como nacimiento y renovación de la predicación del Dios de la misericordia.
Pero tu vida... es tuya, es única y sólo la puedes entregar a una cosa
