La presente condición del mundo y las formas de cómo este mundo se organiza, contradicen el proyecto de Dios de instaurar su Reino.
Jesús fue un gran predicador,no cabe duda, que cautivaba: su palabra revelaba la autenticidad de un hombre íntegro y sin falsedad.
Las personas siempre preparamos los acontecimientos importantes de nuestras vidas. En la Cuaresma los cristianos preparamos nuestra fiesta, que es la Pascua.
Nuestro gobierno está abierto a renovar la legislación para que “la Orden tenga una presencia en el mundo adaptada a cada generación”, siempre que permanezcan los elementos substanciales que se expresan en la Constitución Fundamental.
Santo Tomás, su figura y su obra, es brújula segura en nuestra vocación, en eso de utilizar la herramienta primordial que poseemos los frailes dominicos y así poder ser útiles a los demás: el estudio.
Cuando no sabemos teología nos convertimos en más papistas que el Papa, endurecemos el discurso papal, nos quedamos con aspectos accidentales y corremos el riesgo de no prestar atención a lo verdaderamente importante.
Atrevámonos a dejar que el amado, Dios, nos encuentre y nos exprese su enamoramiento. Dejarse penetrar por ese amor, dejarse encontrar por Él, vivirlo, practicarlo, navegar en ese inmenso mar de su amor.
La cuestión es que el estudio de la filosofía, y de la filosofía con su especificidad, ha sido casi un mandato en nuestra Orden.
Ser cristianos por el bautismo significa purificarnos en la conversión, experiencia amorosa de Dios, relación de intimidad con el Espíritu en oración e impulso de predicación.
Nuestras Constituciones reconocen dos puntos importantes: que la formación es un proceso que “dura toda la vida” y que es al “candidato al que le incumbe la primera responsabilidad de su propia formación”, bajo la dirección de los formadores
