

Sección: A la escucha
"Lo sorprendente no va a ser el juicio, ni la separación. Lo sorprendente es lo que se va a exigir en ese juicio, que no es otra cosa que la máxima de la caridad, es decir, cómo nos hemos comportado con los demás, nosotros que pertenecemos al rebaño de Cristo"
Todo cuanto recibimos no termina en nosotros mismos sino que tiene como finalidad el servicio a los demás para la construcción del Reino de Dios.
Pentecostés es la manifestación del soplo del Jesús resucitado que nos transmite su amor hasta el extremo a cada uno de nosotros.
La salvación que Jesús ha ganado no vale solo para el otro mundo, sino que ha comenzado ya en este tiempo.
El Reino necesita voces que lo anuncien, pies que lo recorran, manos que sanen, y esto con mansedumbre y alegría.
Con nuestra manera de vivir les tenemos que decir que no sabemos vivir sin Cristo, que si nos quitan a Cristo nuestra vida se derrumba.
El discípulo es la imagen de la oveja que escucha la voz del pastor y se va hacia Él.
Tenemos tan de cerca al Resucitado que no reparamos en su presencia, en su sonrisa, en sus palabras. Pero Él siempre encuentra la manera de hacerse evidente a nuestros ojos. Hoy es un buen momento para mirar alrededor, y contemplar a Jesús Resucitado.
En las palabras que pronunció Jesús “Paz a vosotros” vio que sus discípulos las necesitaban porque vivían presionados, y con miedo… la paz que recibieron del Maestro les llenó el hueco que anhelaban.
¡Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado!, y está vivo entre nosotros, permanecerá con nosotros hasta el fin de los tiempos. ¡Qué alegría, hoy y siempre, podemos ir a su encuentro, como la Magdalena, y como los apóstoles, porque Cristo vive y hoy má