

Sección: A la escucha
No podemos decir que amamos a Jesús, a Dios, ni podemos confesar nuestra fe en Él, sin guardar su mensaje y fiarse totalmente de Él. Jesús sigue presente en sus palabras y en ellas late su presencia.
Al discípulo de Jesús se le reconoce por el ingrediente con lo que lo hace todo, por el amor. Cualquier persona, venga de donde venga, sea lo que sea, ame como ame, piense como piense, o sienta como sienta, si lo hace con amor: ése es discípulo de Jesús.
el Resucitado quiere mantener con su Iglesia una relación especial, de cuidado y protección, marcada por caminos, horizontes y búsquedas…
Hoy día, para ocupar cualquier puesto en la sociedad, para ser médico, conductor de autobuses, abogado, bedel de la universidad te hacen un examen. A todo el que se encuentra con Jesús, él también nos hace un examen, con una única pregunta: “Pedro ¿me amas?”.
Las heridas de Jesús están sanadas por el amor del Padre que lo resucitó.
Jesús se muestra lleno de vida, obligándoles a salir de su desconcierto e incredulidad.
«acompañando» a Jesús con nuestros ramos y palmas, afirmamos que creemos en él.
Como Jesús, hemos de ser capaces de perdonar, de no vivir una vida basada en juicios y condenas
El perdón de Dios debe convertirnos en personas capaces de perdonar y de descubrir la misericordia de Dios
El Señor quiere que nos convirtamos a Él. Quiere encontrarse con nosotros. Quiere que le sigamos, e insiste tanto en ello porque nos ama y quiere nuestro bien.